Sánchez: Falta mercado para el 70% de uva que produce Tarija

El bajo nivel de consumo y la difícil situación económica que atraviesa el país, repercute en la comercialización de la uva de mesa que se produce en el departamento de Tarija.  Este año se prevé cosechar 1.500.000 quintales de uva, de los cuales cerca del 70% se destina al mercado nacional como uvas de mesa y el restante 30% a la producción de vinos y singanis.

José Luís Sánchez, productor vitivinícola, refiere que falta mercado para la producción de uva que se prevé cosechar desde diciembre, si bien se tiene un aumento en la productividad de entre 10 a 15% por año, el contrabando de vinos y otras bebidas alcohólicas, además de las escasas iniciativas para apoyar al sector desde los diferentes niveles de Gobierno, no alcanzan a los pequeños productores locales.

Detalla que es importante la promoción y difusión de la producción vitivinícola de Tarija para llegar a los mercados, pero debe estar circunscrita a un afiche, feria, anuncio publicitario o la vendimia, sino en el marco de una acción estratégica para mostrar los beneficios del consumo de uva y vino para la salud de las personas.

 

El País (EP): Hay preocupación en los productores por falta de mercado para la uva de Tarija ¿Cuánto se incrementó la producción de uva en los últimos tiempos?

José Luis Sánchez (JLS): Uno de los principales problemas que enfrentamos actualmente es la falta de mercado, pero haciendo aclaraciones, que el mercado nacional es un fiel consumidor de la uva tarijeña. Lo que viene sucediendo es que las y los bolivianos han bajado su nivel de consumo, esto entendido por la difícil situación económica que viene afectando al país en los últimos años, es decir vemos y sentimos que las familias gastan sus ingresos en alimentos de primera necesidad, dejando a la uva como un producto no necesario para la subsistencia. A ello se suma también el hecho de que la producción de uva en Tarija, ha ido en incremento registrándose el pasado año una producción de cerca de 1.200.000 quintales, marcando una previsión de aumento de productividad de entre 10 o 15% por año; a ello debemos sumar el hecho de que en los valles mesotermicos de Santa Cruz y valles altos de Cochabamba vienen produciendo uva, con paulatino crecimiento y que de alguna manera lleva a replantear la mirada al mercado nacional.

En Tarija los municipios de Uriondo, Cercado, San Lorenzo, Yunchará, Villa Montes y El Puente son productores de uva, donde más de 3.500 familias están dedicadas específicamente al rubro o tienen una ligazón directa con el mismo.

En el caso de las hectáreas de cultivos estamos hablando actualmente de unas 3.800 hectáreas en producción con un crecimiento potable de 10 a 15% por año, a partir de la generaciones de fuentes de agua y el uso efectivo (tecnificado) del recurso hídrico que permiten mantener un crecimiento porcentual por año, esto lleva a prever que para la Vendimia 2019-2020 se produzcan alrededor de 1.500.000 quintales de uva, de los cuales cerca del 70% está destinado al mercado como uvas de mesa y el restante 30% a la producción de vinos y singanis.

Es ahí en el 70% donde precisamente se genera lo que podemos llamar falta de mercado, por la baja en la compra de la uva y la falta de otras alternativas para transformar el producto en vino y singani, pues las llamadas bodegas grandes constituidas en Tarija, han generado gran parte de su abastecimiento, bajando el nivel de requerimiento de la uva producida por los pequeños productores, que están en busca de crear otros emprendimientos para transformar su producto, ya sean vinos o singani artesanal.

 

EP: ¿Qué falta para llegar a nuevos mercados nacionales e internacionales?

JLS: Una parte importante es la promoción, pero no circunscrita a un afiche, feria, anuncio publicitario, vendimia o foto para el “face” que acostumbran algunas autoridades, sino a una acción estratégica que muestre las virtudes del vino tarijeño a la población, que lo muestre como es, un alimento útil para la salud en su consumo moderado; que muestre el valor del producto su aporte a la economía y sobre todo, a todas y todos los actores que están detrás del producto, mujeres y hombres especializados en la producción.

Como anécdota recuerdo que las y los comercializadores de uva de mesa al por mayor que en tiempo de vendimia llegan a las zonas productoras desde Santa Cruz, La Paz, Oruro, Cochabamba -para comprar y trasladar la uva y revenderla en sus municipios- al completar su camión siempre compran paquetes de vino de diferentes marcas, sobre todo el vino tinto, que también venden al momento que comercializan la uva, indicando que el vino tarijeño es dado en pequeñas cantidades a los niños pequeños para que desarrollen el habla, así lo buscan las familias en los mercados populares y así lo venden generando otro ámbito de venta del vino para la gente de a pie que no compra el vino tarijeño en supermercados.

Para no desmerecer las acciones de gobierno se generaron acciones sobre todo con las bodegas grandes, lo que tiene gran éxito en los mercados internacionales, pero esto todavía no se siente en las y los pequeños productores que aún no somos visibilizados en la cadena productiva.

 

EP: ¿La cadena de producción de uva en Tarija en términos de ingresos económicos cuantos empleos generan?

JLS: Si hablamos de más de 3500 familias productoras que multiplicamos por cuatro integrantes que las conforman, estamos hablando de 14.000 empleos directos anuales, pues las y los pequeños productores vitícolas basan su producción en el trabajo familiar, aunque en épocas como la cosecha, podas y manejo de suelos, se contratan por lo menos diariamente dos personas por hectárea y hasta 20 o 30 por día para cosecha, hablamos de más de 4.000 empleos directos que cobran un jornal de 100 bolivianos día.

Ahora a ello hay que sumar el trabajo que se da a los transportistas, agroquímicas, proveedores de materiales, y otros actores que son parte de la cadena que se benefician ofreciendo bienes y servicios los 325 días del año, pues la vid si bien tiene relevancia en la vendimia de la uva, el resto del tiempo igual necesita de atención y cuidado, pues la vid para una o un productor es un ser humano, un integrante más de la familia.

 

EP: Desde la Gobernación y Cevita en su momento se anunció la exportación de uva de mesa a Paraguay ¿Esta iniciativa beneficia a los pequeños productores?

JLS: Si el accionar del anuncio es efectivo y no se queda en el papel, sin duda alguna beneficiaría de gran manera, pero ante las acciones poco efectivas en los planes, programas y políticas generadas desde quienes administran los recursos departamentales, desde la Gobernación hacia el sector considero que no, pues lo hecho hasta ahora quedó en el discurso, con un Gobernador que fue a abrir mercados para la venta de la uva en el país, sin tomar en cuenta las condiciones productivas y la baja en la compra de uva de mercado.

Así, resulta difícil de creer en que la uva tarijeña se venda fuera de las fronteras, pues en los acuerdos bilaterales entre países, se establecen factores como calidad, envase, cantidad y frecuencia, y para nuestro caso la uva tarijeña, sí bien tiene calidad, no posee un envase de exportación, pues actualmente usamos las cajas de madera aptas para el mercado nacional, pero no para sacar el producto fuera de las fronteras donde los requerimientos para el traslado, conservación y sanidad de la uva son más estrictos.

En el caso de la cantidad de uva, si mal no recuerdo la idea de exportar uva a Paraguay ya se propuso muchos años antes de lo que se anunció en la actual administración de la Gobernación. Se planteó la cantidad que se requería, frente a la cantidad producida no era la suficiente y por ello llevaba a la necesidad de invertir en mejorar la capacidad productiva con el apoyo de los niveles de gobierno, cosa que no sucedió, pues la productividad actual se sostiene en los esfuerzos propios de las familias productoras.

Considero que tendríamos que analizar con seriedad la situación y condiciones actuales para enfrentar el reto de la exportación, pero no dejando solos a las y los productores, sino haciendo efectivos los apoyos que se dicen y escuchan bien en los discursos, pero que no se sienten al momento de la planificación y la inversión.

 

EP: Los programas de fomento al sector vitivinicultor de los diferentes niveles de Gobierno, ¿Responden a las demandas del sector? 

JLS: Entre 2012 y 2017 producto de una acción efectiva de la Asociación Nacional de Viticultores, se generaron dos planes o políticas efectivas de apoyo al sector, hablo de una línea de crédito dirigida a las familias productoras de vid con bajo interés y anualizada, y la compra de tractores viñateros con implementos vía crédito, que aportaron al crecimiento productivo y economía de las familias que invirtieron los ingresos en mejorar su producción, creando en ese tiempo un auge de la productividad, pero que duró poco, pues, los desproperios y desconocimiento de la realidad por parte de autoridades y funcionarios públicos del Gobierno, que entendieron que el auge vitícola era sinónimo de enriquecimiento y que las familias productoras eran adineradas, provocaron que estos planes se modifiquen a tal nivel que para un productor le resultaba más práctico acceder a las ofertas de la banca privada.

Por otro lado está el Prosol, que si bien es un logro, producto de la lucha campesina de la cual también es parte la familia vitícola tarijeña, resulta insuficiente para la cantidad de recursos que se requiere en la producción de uva, pues 6.000 o 2.000 bolivianos por año si aportan, pero resultan insuficientes para cubrir la compra de insumos, mano de obra, maquinaria, fertilizantes, agroquímicos y otros implementos especializados que se requieren, razón por la cual es necesario desde mi punto de vista de que el Prosol, sea rediseñado, de manera de que el dinero sea efectivamente invertido y genere el retorno en la economía tarijeña.

Por ahí también aparecen el Seguro Agrícola, muy publicitado, pero poco efectivo pues la cantidad de recursos que se devuelven para la reactivación de la producción vitícola afectada por un fenómeno climático como por ejemplo el granizo resulta insuficiente, razón por la cual esta política nacional, en apariencia efectiva no resulta, no es práctica, pues en caso de un daño por granizo dependiendo del daño por hectárea creo que devuelven entre 500 y 2.000 bolivianos que no cubren ni el 10% del daño provocado.

Como ello podemos mencionar otros programas como el PAR que asignan recursos desde el Gobierno Nacional para ser contra-parteados desde las familias productoras, pero al ser burocráticos y poco continuos en el tiempo, son limitados en sus objetivos.

Finalmente tenemos dos leyes en apoyo al sector vitivinícola la ley nacional de “Promoción de la uva, singani, vinos de altura bolivianos y vinos bolivianos” de 2016 y la Ley Departamental N° 123 de “Fomento a la Cadena Uvas, Vinos y Singanis”, bien redactas y presentadas públicamente, pero sin efectividad al momento de su aplicación y la asignación de recursos para fortalecer un producto denominado estratégico para la producción y economía nacional.

 

EP: Por otro lado, ¿En qué medida los fenómenos naturales como la sequía y heladas afectan la producción? 

JLS: En mis más de 35 años de productor vitícola, ningún año, escuché, vi o viví una gestión sin afección de los fenómenos climáticos y en ningún año vi una acción de inversión efectiva de recursos desde los niveles de gobierno para apoyar eficientemente a la reactivación de los cultivos dañados, recuerdo que en la riada del año 2000 que afectó gran cantidad de la producción de uva, el entonces mandatario Hugo Banzer, llegó a Tarija prometiendo la inversión directa de un millón de dólares para la reactivación de las hectáreas afectadas, de esos recursos, por lo menos en lo que acontece a mi familia y la comunidad donde radicamos (Muturayo), no llegó ni un solo centavo y así puedo nombrar otras acciones que se generaron pero no fueron efectivas.

Heladas, sequía, riadas y granizo son los fenómenos que más nos afectan, siendo el granizo el que más daño causa, pues una precipitación de 10 o 20 minutos, puede acabar con la producción de un año y dependiendo de la dimensión y fuerza del impacto del granizo, puede dañar la planta imposibilitándole de producir de 1 a 3 años, tiempo en el cual el productor debe ver otras formas de producción como la horticultura para subsistir y reactivar su producción.

En el caso de la sequía, la planta de vid no requiere de una continua presencia de agua, es decir estar regándose a plenitud todo el tiempo, lo que si requiere es un buen nivel de humedad que puede lograrse con el uso tecnificado, riego por goteo, por esta razón la sequía sí es un problema, pero subsanable con la construcción de reservorios de agua, perforación de pozos, sistema de captación y riego, lo que lleva a que en municipios como Uriondo, Cercado y San Lorenzo, que tienen acceso a afluentes y proyectos como San Jacinto, tengan afecciones pero no tan graves que no puedan subsanarse, lo que si agrava una situación es nuevamente la ausencia o acción efectiva de los niveles de gobierno, que anuncian inversiones para la captación, generación y uso del agua, pero a la hora de la verdad no se concretan, sino miremos el caso del Proyecto de Riego de San Jacinto, que desde su creación a la fecha no ha generado la renovación de las tuberías o el drenaje del lago, llevando a que las familias productoras que riegan con el proyecto estén sujetas a que las temporadas de lluvias sean benignas y la tuberías no colapsen.

Recurriendo otra vez a la memoria desde el 2017 a la fecha, en Uriondo y Cercado, que son los municipios donde están concentradas la mayor cantidad de hectáreas de vid, no se ha presentado un daño grave a la producción, sí se tuvo granizo, sí hubo afección a familias productoras que llegaron al 20 o 30%, pero no así al total de la producción.

 

EP: Otra preocupación de los vitícolas es la baja demanda de vino de producción local, ¿Qué aspectos considera que influyen para esta situación?

JLS: En el caso de la baja en el consumo del vino tarijeño, la preocupación se genera porque los viticultores somos los productores de la materia prima para el vino que se produce en Tarija y si bien las bodegas grandes han generado gran parte su materia prima, todavía adquieren cerca del 30% de la uva que producimos los viticultores y por ello significa una bajón en la compra de la matrería prima que producimos, estamos ligados en la cadena denominada Uva-Vinos y Singanis y si un eslabón se afecta se afecta toda la cadena, por ello siempre se trató de generar una lucha conjunta entre pequeños y grandes productores, sobre todo para frenar, controlar el principal flagelo de esta parte de la cadena, el contrabando, el ingreso y venta ilegal de vinos y bebidas alcohólicas, como el ron, fernet, whisky, vodka y otros, que en mayoría ingresan desde otros países ilegalmente. Esos sí son productos que están dañando la salud sobre todo de personas jóvenes que gustan y demandan estas bebidas, basadas en el alcohol metílico.

Por ello, se entiende que el principal factor que está afectando al consumo de vinos tarijeños es el ingreso y venta ilegal de bebidas alcohólicas y el desconocimiento y poca valoración por parte de la población boliviana, de lo que para nosotros es un alimento, el vino tarijeño, que a partir de estudios e investigaciones se demostró que es único en el mundo por contener alto nivel de resveratrol, compuesto altamente benéfico para la salud humana y que nosotros en Tarija, lo tenemos presente sobre todo en las uvas negras y vinos tintos, situación que nos da una ventaja por sobre cualquier vino en el mundo, pero a la hora concreta no estamos aprovechando efectivamente, ni desde los productores, ni desde los niveles de gobierno y la población; pero si, fuera del país, esto gracias al trabajo e inversión de las bodegas grandes, que lograron que el vino tarijeño sea valorado y consumido.

 

EP: ¿Qué aspectos encarecen la producción local y por ende hacen que sea poco competitiva en el mercado por los costos?

JLS: Tanto en el caso de la uva y el vino, el principal factor es nuestra dependencia de productos y materiales que se producen en otros países, ya mencioné los agroquímicos, pero ahí también ingresan las botellas, corchos y otros implementos que no tenemos en el país, no conozco personalmente lo que acontece en las bodegas grandes, pero como pequeños bodegueros en mi familia debemos comprar corchos y botellas desde Chile, llegando estos productos a costar más de la mitad del dinero que se necesita para producir una botella de vino y esto desde ya nos pone en desventaja ante un vino producido sobre todo en Argentina que puede llegar a costar 10 bolivianos en una tienda o mercado, frente al precio de un vino tarijeño que llega costar 14 o 15, ahí la población consumidora mira el bolsillo y no la calidad y salud.

 

Ahí vemos nuevamente la ausencia de políticas efectivas desde los niveles de gobierno para apoyar a la cadena productiva de uva-vinos y singanis, pues no se asumen medidas para reducir los costos de importación o aranceles diferenciados para los productos que se requieren, no hay acciones impositivas en favor de los productores de vinos, por el contrario, las tasas impositivas resultan más elevadas. Finalmente no hay inversiones para producir material en vidrio como lo que sabemos acontece en la ciudad de Sucre, con la construcción de una fábrica de vidrio, no son socializadas con los sectores productivos que bien podríamos beneficiarnos, no con regalos, pero si con precios diferenciados, los mismo ocurre con la anunciada planta de propileno y polipropileno, que a decir del Gobierno Nacional elaborara plásticos para diferentes productos y nosotros como productores vitícolas podríamos beneficiarnos con la elaboración de empaques de plástico para el transporte de la uva, dejando así de una vez por todas las cajas de madera que actualmente significan daño al medioambiente, pues para su construcción se hace uso de madera de árboles que lógicamente deben ser talados.

 

“Tanto en el caso de la uva y el vino, el principal factor es nuestra dependencia de productos y materiales que se producen en otros países, ya mencioné los agroquímicos, pero ahí también ingresan las botellas, corchos y otros implementos que no tenemos en el país”

 

“Para no desmerecer las acciones de gobierno se generaron acciones sobre todo con las bodegas grandes, que tienen gran éxito en los mercados internacionales, pero esto todavía no se siente en las y los pequeños productores que aún no somos visibilizados en la cadena productiva”

 

El Perfil

Nombre

José Luis Sánchez Caro

Profesión

Comunicador Social

Ocupación

Productor vitícola (35 años) productor vitivinícola (8 años), exgerente del Comité de Competitividad Cadena Uva Vinos y Singanis.