Suelta el vaso
Imagina que te pido sostener un vaso de agua con el brazo extendido.
Durante un minuto probablemente no te cueste nada. Pero si lo sostienes varias horas, llegará un momento en el que ya no puedas más.
Y lo curioso es que el vaso sigue pesando exactamente lo mismo. Lo que te agota es el tiempo que llevas cargándolo.
Con nuestras preocupaciones pasa algo muy parecido.
Hay cosas que duelen y que merecen nuestra atención. Pero muchas veces las seguimos cargando incluso cuando, en ese momento, ya no podemos hacer nada por resolverlas.
Nos acostamos pensando en lo que salió mal y al despertar volvemos a darle vueltas. Sin darnos cuenta, terminamos llevando esa preocupación a todas partes.
Ahora piensa otra vez en el vaso.
¿Qué tendrías que hacer para descansar el brazo?
Simplemente dejarlo sobre la mesa. No tienes que tirar el agua. Puedes volver a tomarlo cuando haga falta.
Con los pensamientos podemos aprender a hacer lo mismo.
Cuando aparezca una preocupación, pregúntate: ¿hay algo que pueda hacer por esto ahora mismo? Si lo hay, hazlo. Y si por ahora no está en tus manos, date permiso de soltarla un rato.
El problema no desaparece por eso. Va a seguir ahí cuando sea momento de atenderlo.
Pero mientras tanto, tu vida también está pasando. Hay una conversación que merece tu atención y una noche en la que necesitas dormir tranquilo.
No tienes que cargar tus preocupaciones cada minuto para demostrar que te importan.
Hoy me gustaría que pensaras en algo: ¿qué vaso de agua llevas sosteniendo desde hace demasiado tiempo?
Tal vez ya sea momento de dejarlo descansar un ratito.





