Sé amable con tu cuerpo, con tu pasado, con tus tiempos
Nos exigimos mucho. Queremos hacer las cosas bien, tomar las decisiones correctas, avanzar rápido y no equivocarnos. Y cuando algo no sale como esperábamos, somos los primeros en criticarnos.
Pero piensa en cómo tratas a alguien que quieres cuando está pasando por un momento difícil. Lo escuchas, tienes paciencia y le recuerdas que un error no define quién es. Tú también mereces esa comprensión.
Tu cuerpo no necesita cumplir con ningún ideal para merecer respeto. Tu pasado no tiene que ser perfecto para que puedas estar en paz con él. Y tu vida no tiene que avanzar al mismo ritmo que la de los demás.
Puedes reconocer tus errores sin castigarte por ellos. Puedes querer mejorar sin despreciar lo que eres hoy.
Ser amable contigo no significa dejar de crecer, sino aprender a hacerlo desde el amor y no desde la culpa.
La paz comienza con la manera en que te hablas, te cuidas y te permites ser.





