Cada estación tiene una enseñanza

El árbol nunca le pide a la vida que le regale solo primaveras.

Sabe algo que muchos humanos olvidamos: que la fuerza no nace en la temporada fácil, nace en la temporada que resistimos sin romper. El árbol que solo conociera el sol jamás desarrollaría raíces profundas. Necesita también la tormenta, el frío, la sequía… porque cada estación le enseña una forma distinta de sostenerse.

Tu vida tiene estaciones también. Y no pasa nada si hoy no te tocó primavera.

Los días ligeros te enseñan a soltar. Los días luminosos te enseñan a agradecer. Y los días difíciles, esos que a veces sientes que no vas a superar, son los que están tejiendo tus raíces más profundas, aunque todavía no lo veas.

No busques huir de las estaciones oscuras. Búscales el propósito. La Tierra no deja de sostener tus pasos cuando el camino se pone cuesta arriba; al contrario, ahí te sostiene con más fuerza. Tu intuición no deja de hablarte en los días grises; ahí susurra más claro, si te detienes a escuchar. Y el Gran Espíritu no se aleja cuando todo se oscurece; camina más cerca, aunque no puedas verlo.

Cada día que vives, fácil o difícil, es una estación que te está enseñando algo que ninguna otra podría enseñarte. No te resistas a ella. Camínala. Agradécela. Y cuando termine, estarás más sabio, más firme, más raíz.


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