La gratitud de saber que no estamos solos
Nada de lo que te rodea está vacío.
Nada de lo que ves es simple adorno del mundo.
Todo está vivo. Todo tiene espíritu.
Ese árbol que te da sombra… siente.
Esa tierra que pisas… sostiene tu historia.
Hemos olvidado mirar.
Nos enseñaron a ver la naturaleza como paisaje, como recurso.
Pero los abuelos sabían otra verdad:
No estamos separados de la vida. Somos parte de ella.
No existe el humano por un lado y la naturaleza por otro.
Existe un solo tejido sagrado.
Un solo latido.
Una sola familia extendida bajo el mismo cielo.
Por eso la Pachamama no es solo suelo:
es la madre que nos recibe, nos nutre y nos devuelve el equilibrio.
Por eso el fuego no es solo herramienta:
es un hermano que limpia, ilumina y transforma.
Cuando dañas la tierra, te dañas a ti mismo.
Cuando bendices un árbol, bendices tu propia raíz.
Cuando honras al bosque, honras la parte de ti.
Hoy te invito a volver a recordar.
Mira con otros ojos:
la planta en tu ventana,
el perro que te espera,
el viento que toca tu cara.
No están aquí por casualidad.
Caminan contigo. Te acompañan. Te enseñan.
Y cuando reconoces eso, nace la gratitud.
Una gratitud verdadera, profunda, sagrada.
La gratitud de saber que la vida te habla en todas partes.
La gratitud de sentir que perteneces.
La gratitud de recordar que jamás caminas solo.
Y doy gracias por esta gran familia de vida a la que todos pertenecemos.





