Lo semejante atrae lo semejante

Primero, quédate solo.

Empieza a divertirte solo.

Ámate a ti mismo.

Sé tan auténticamente feliz que te sientas lleno, expansivo, desbordado.

Nada ni nadie te hace falta.

Estás en casa.

Si alguien viene, todo bien, si no, también.

Permitiendo que fluya.

Ahora te mueves como un maestro, no como un mendigo.

Y la persona que ha vivido su soledad felizmente, se sentirá siempre atraída por otra persona que está viviendo su soledad también alegremente, porque como regla “lo semejante vibra ante lo semejante”.

Cuando dos maestros se encuentran, “maestros de su ser”, de su soledad, la felicidad se multiplica. Se vuelve un tremendo fenómeno de celebración. Y ellos no se examinan uno al otro, ellos se comparten.

No utilizan al otro.

En su lugar, por el contrario, ambos se vuelven uno y disfrutan de toda la existencia que les rodea.


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