El miedo al fracaso

Un día, Nasreddin tomó un huevo y lo envolvió en un pañuelo. Se dirigió a la plaza del pueblo y comenzó a gritar:

– Hoy os propongo a todos un juego. El que adivine qué llevo en este pañuelo, se llevará de premio el huevo que esconde.

Todos se miraron asombrados. No podía ser que les estuviera diciendo lo que escondía el pañuelo… seguramente sería ‘un anzuelo’ para que cayeran en la trampa. Nasreddin, ante el silencio de todos, comenzó a dar más pistas:

– Venga, no seáis tímidos. Debéis adivinar qué hay bajo el pañuelo… algo que tiene una yema amarilla. Está rodeada de un líquido del color de la clara y envuelto en un cascarón frágil que se rompe con mucha facilidad.

De nuevo era demasiado evidente. Todos se miraban sin atreverse a decir nada. Y Nasreddin siguió gritando:

– Lo que escondo en el pañuelo es símbolo de fertilidad, y nos recuerda a las aves regresando a sus nidos.

Todos pensaban, evidentemente, que lo que Nasreddin tenía bajo el pañuelo era un huevo, pero les parecía tan evidente, que ninguno se atrevía a decirlo. ¡Era demasiado obvio! Nasreddin volvió a preguntar dos veces más, y como nadie se atrevía a decir nada, sacó el huevo del pañuelo y se lo mostró a todos. Después, les dijo:

– Todos conocíais la respuesta y nadie se atrevió a decir nada. Es la cobardía, que nos impide arriesgarnos. Solo hay una cosa que frena nuestros sueños: el miedo al fracaso.


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