La leyenda del jazmín
Cuentan que hace mucho, muchísimo tiempo, una bella princesa hindú se enamoró del dios del Sol, Surya Deva. Pero este dios, a pesar de la inmensa belleza y grandes dones de la princesa, era muy vanidoso, y rechazó su amor.
La princesa entonces cayó en una profunda melancolía que le llevó a una terrible depresión. Destrozada por el dolor de un amor imposible, decidió quitarse la vida.
La corte acordó entonces esparcir sus cenizas por el suelo de la montaña donde ella solía pasear y llorar sus penas. El lugar donde se enamoró del dios Sol. Entonces fue cuando, de pronto, de las cenizas, comenzó a crecer una nueva planta, que jamás antes había visto nadie. Los delgados y esbeltos tallos verdes estaban salpicados de pequeñas flores blancas, que, sin embargo, permanecían cerradas durante el día y abrían para expulsar un profundo aroma solo por la noche, justo cuando el sol se retiraba.
Y así es como tenía que ser: el causante de la muerte de la bella princesa había sido el dios Sol, así que las flores que nacieron de las cenizas de la joven, solo abrirían en su ausencia. Desde ese momento, todos comenzaron a llamar a esa nueva, delicada y extraña flor, Jazmín, que además se convirtió en la flor sagrada del dios hindú del amor, Kama.


