La Paz: la valentía de construir futuro

Nací en La Paz en 1951.

He tenido el privilegio de crecer al pie del Illimani y de recorrer esta ciudad durante más de siete décadas. Como periodista he visto pasar gobiernos, crisis, revoluciones, momentos de esperanza y también tiempos muy difíciles. Pero si algo he aprendido es que La Paz siempre encuentra la manera de volver a levantarse.

Por eso, cada 16 de julio no solo recuerdo la Gesta Libertaria de 1809. También pienso en la ciudad que me formó y en el compromiso que tenemos con su futuro.

Los últimos meses han sido especialmente duros para los paceños. Durante semanas vivimos una ciudad prácticamente cercada. La escasez de combustibles, las dificultades para el ingreso de alimentos, las largas filas, la incertidumbre y la paralización de muchas actividades dejaron una sensación que no deberíamos acostumbrarnos a vivir. Como sede de gobierno, La Paz termina soportando conflictos que muchas veces no nacen en ella, pero cuyos efectos recaen directamente sobre sus habitantes.

Esa realidad también ha provocado que muchas empresas trasladen parte de sus operaciones hacia otras regiones del país y que numerosos jóvenes y profesionales busquen oportunidades fuera de La Paz. No se marchan porque hayan dejado de amar esta ciudad; se marchan porque necesitan construir un proyecto de vida con mayor estabilidad.

Como padre, esa realidad también me toca.

Tengo una hija que vive fuera de Bolivia y que muchas veces me habla de su La Paz del alma, de Sopocachi, de las calles donde creció y del Illimani que nunca deja de extrañar. Sueña con volver algún día. Pero regresar no depende solamente de la nostalgia; también depende de que existan oportunidades para trabajar, crecer y formar una familia.

Estoy seguro de que miles de paceños comparten ese mismo sentimiento.

Por eso creo que el gran desafío ya no consiste solamente en recordar nuestra historia, sino en construir el futuro.

Quienes pertenecemos a una generación mayor hemos visto a La Paz superar momentos muy difíciles. Nos corresponde compartir esa experiencia y transmitir ese "ñeque" que caracteriza al paceño. Pero serán los jóvenes, los emprendedores y los profesionales quienes deberán liderar una nueva etapa para la ciudad: una etapa donde la innovación, la tecnología, el conocimiento, el turismo y el emprendimiento vuelvan a convertirse en motores del desarrollo.

La Paz tiene todo para lograrlo. Posee universidades de prestigio, profesionales altamente capacitados, un patrimonio cultural incomparable y un enorme potencial en áreas como la energía, el turismo y la economía del conocimiento. Lo que necesita es recuperar la confianza y crear condiciones para que las oportunidades vuelvan a florecer.

En ese camino destacan paceños que siguen apostando por la ciudad desde su trabajo cotidiano. El Ing. Antonio Uriarte Peláez ha dedicado su vida a la ingeniería, la docencia y al estudio del potencial energético del departamento, convencido de que el desarrollo sostenible debe construirse con planificación y visión de largo plazo.

Del mismo modo, el Dr. Rubén Ibáñez López, reconocido abogado en las áreas Civil, Comercial, Penal, Familiar y Laboral, ha desarrollado una destacada trayectoria profesional y de servicio, defendiendo los derechos de las personas y fortaleciendo el acceso a la justicia. Ambos representan a miles de paceños que continúan creyendo en esta tierra y trabajando silenciosamente por ella.

Después de tantos años caminando sus calles, sigo convencido de que la mayor fortaleza de La Paz no está únicamente en su historia, sino en su gente. Personas que trabajan, emprenden, enseñan, investigan y sirven a los demás aun cuando las circunstancias no siempre acompañan.

Hace 217 años nuestros héroes lucharon por la libertad.

Hoy nos corresponde otra misión: hacer de La Paz una ciudad donde nuestros hijos quieran quedarse y donde quienes se fueron puedan volver.

Porque el mejor homenaje que podemos hacer a la Gesta Libertaria no es vivir solamente del recuerdo.

Es tener la valentía de construir el futuro.


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