American School: 65 años educando con amor, ciencia y esperanza
La historia de una ciudad se cuenta desde sus calles, sus héroes, sus plazas… y sus escuelas. En el centro histórico de La Paz —donde convergen la historia republicana y el pulso del porvenir— late desde hace 65 años una institución que ha educado con coraje, con ternura y con excelencia a generaciones enteras: la Comunidad Educativa American School.
Fundada el 25 de agosto de 1960 por el insigne profesor Luis Hernán Rivera Unzueta, visionario incansable y alma musical de Bolivia, el American School no nació con pretensiones de grandeza, pero sí con una convicción profunda: educar es sembrar futuro. Y lo ha hecho, año tras año, con amor, rigor y compromiso. Como bien diría el maestro Unzueta, “soñar es la única forma digna de vivir”.
Esta comunidad educativa comenzó como un pequeño Kindergarten con resolución ministerial N.º 124, y en sus primeras aulas ya se respiraba la vocación de quienes sabían que educar es también abrazar, contener y guiar. Con el paso del tiempo, con el esfuerzo de maestras y maestros comprometidos, la institución creció, sumó niveles primario y secundario, y se convirtió en un referente del sistema educativo boliviano.
Las distinciones no tardaron en llegar: el Gobierno Municipal de La Paz, la Asamblea Legislativa Plurinacional y la Prefectura Departamental han reconocido reiteradamente la trayectoria impecable del American School, otorgándole galardones como el “Mérito Cívico”, el “Franz Tamayo”, y el preciado “Illimani de Oro”. Estos homenajes son más que pergaminos: son testimonio de una educación que forma no solo estudiantes, sino ciudadanos, artistas, científicos, soñadores.
Hoy, en su madurez institucional, el American School se mantiene fiel a los pilares que lo han sostenido durante décadas: el afecto como pedagogía del amor, el conocimiento profundo del estudiante, los vínculos saludables, la creatividad, el trabajo en equipo, el diálogo con la familia y una férrea vocación humanista y científica. Todo bajo el marco del Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo, integrando saberes ancestrales con herramientas contemporáneas.
Con una infraestructura moderna en el corazón de La Paz, la institución dispone de laboratorios de computación, química y biología, sala de psicomotricidad, y un equipo docente de altísimo nivel, encabezado hoy por el Lic. Brian H. Ledezma Vega, quien desde mayo de 2025 ha revitalizado las tradiciones y proyectos que definen a esta casa de estudios.
Pero más allá de los premios y reconocimientos, lo que distingue al American School es su alma. Su música. Su legado fundacional. Porque allí donde hay un niño aprendiendo a leer con asombro, o una niña descubriendo los misterios del universo en una clase de ciencias, allí está vivo el sueño de Don Hernán Rivera Unzueta. Músico, maestro, ser humano de luz, quien —como recuerdan en Totora, su tierra natal— no solo tocaba el piano, sino también las fibras del alma.
El aniversario de una institución educativa es también una oportunidad para mirar adelante. Vivimos tiempos complejos: de crisis institucionales, de desánimo colectivo, de búsqueda urgente de esperanza. Pero escuelas como el American School nos recuerdan que sí es posible. Que educar sigue siendo la respuesta. Que hay luz, aún, para este país.
Como alguna vez lo advirtiera Víctor Paz Estenssoro en su discurso del 29 de agosto de 1985, “el país se nos muere”. Pero a quien me diga que hoy no estamos para romanticismos, le respondo: vengo de una generación que resistió dictaduras, apagones, silencios. Y siempre fue la educación la que nos sostuvo. La que nos salvó.
Hoy, al celebrar los 65 años del American School, honramos no solo una trayectoria pedagógica, sino un acto de fe. Fe en el niño que pregunta. En la maestra que escucha. En el aula que sueña. Porque como dice su propia historia, esta institución no ha dejado de soñar con los ojos abiertos. Y esa es, tal vez, la forma más digna de construir país.
¡Feliz aniversario, querida comunidad educativa American School! Que sigan sembrando mentes lúcidas y corazones comprometidos. Que sigan enseñando que, aún en los días más grises, siempre es posible encender una luz.


