Herramientas cognitivas y el cerebro evolutivo de los estudiantes

Al observar el desempeño de los estudiantes de secundaria frente a desafíos lógicos, es útil recordar que el cerebro humano actual se estabilizó biológicamente hace unos 100.000 años. Las estructuras cerebrales que nuestros alumnos utilizan hoy para resolver sistemas de ecuaciones son las mismas que poseían los pensadores precientíficos. La evolución opera por continuidad, construyendo las capacidades racionales superiores sobre bases biológicas ancestrales vinculadas a la supervivencia y la emotividad.

El cerebro humano cuenta con atributos específicos que facilitan la adquisición del conocimiento:

Capacidad de abstracción y olvido: Aunque tendemos a valorar la retención absoluta, la capacidad de olvidar es indispensable para pensar. Como ilustra Borges en Funes el Memorioso, una memoria que lo registra todo impide la conceptualización. Pitágoras formuló su teorema porque fue capaz de ignorar las diferencias particulares de los terrenos y quedarse únicamente con las relaciones métricas esenciales.

El prejuicio funcional y la confianza: La evolución seleccionó seres que operan bajo principios de economía cognitiva. No podemos demostrar cada axioma desde cero en la vida cotidiana; dependemos de la confianza en el conocimiento transmitido por generaciones anteriores y del prejuicio funcional para tomar decisiones rápidas.

Asimismo, la biología humana se caracteriza por una inmadurez al nacer que nos hace dependientes del entorno social y de la crianza para activar funciones como el lenguaje. En el ámbito escolar, esta naturaleza social se evidencia en el funcionamiento de las neuronas en espejo en la corteza frontal, las cuales facilitan el aprendizaje consensual y la empatía. La matemática no debe enseñarse como una actividad aislada, sino como un proceso socializado que aproveche estas capacidades biológicas de interacción.


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