"Esta realidad no puede seguir siendo la nuestra"

Pasando por el centro de salud de mi barrio la fila daba la vuelta a la cuadra. Mujeres con bebés en brazos, ancianos sentados en la vereda, jóvenes que perdieron la mañana de trabajo. Todos esperando lo mismo: una atención que no llega a tiempo. Mientras tanto, en la tele, los ganadores de las elecciones prometían "más derechos", "más protección", "más Estado presente". ¿Dónde?

Bolivia tiene leyes que envidian en otros países y vacíos que avergüenzan en el propio.

La Ley 348 contra la violencia existe desde 2013. La Ley de Cuidados está en discusión desde hace años. El Sistema Integral de Cuidados figura en planos, decretos, discursos. Parches y remiendos solo para las cámaras. Pero ayer, en ese centro de salud, la ley no atendió a nadie. La promesa no curó a ninguno. La legislación, sin presupuesto, sin personal, sin compromiso político real, es solo papel que ocupa espacio en los anaqueles mientras la gente ocupa espacio en las filas.

Trabajo en prevención de violencias. Sé lo que cuesta conseguir que una persona denunciada por agresión acceda a un espacio de reflexión. Sé lo que tarda una víctima en obtener una medida de protección. No porque no existan los programas. Existen. En el papel. Con presupuestos que se evaporan o que no llegan, con cargos que se ocupan por amiguismo, con evaluaciones que nadie hace. La violencia no espera a que el Estado se organice. Crece mientras nosotros seguimos diseñando logos para campañas que no llegan a quienes necesitan.

El problema no es que no sepamos qué hacer. Es que no exigimos que se haga.

Las elecciones pasaron. Los discursos de cuidado, de justicia social, de derechos, volvieron a sonar. Pero en Tarija, en el Chaco, en los valles, la realidad sigue siendo la misma: mujeres que abandonan el trabajo porque no hay quién cuide a sus hijos, hombres que explotan porque nadie les enseñó a pedir ayuda, jóvenes que creen que la justicia es un privilegio de quienes pueden pagar abogados. Y mientras tanto, el presupuesto para prevención de violencias sigue siendo una fracción ínfima de lo que se gasta en perseguir, juzgar, encarcelar. Somos expertos en consecuencias, aprendices en causas.

La justicia boliviana no está desangrando solo la calidad de vida. Está desangrando la confianza. Cuando un juez demora años en resolver una denuncia de violencia familiar, está enseñando que la ley es lenta para quienes más la necesitan. Cuando un programa de cuidados queda sin financiamiento, está diciendo que los cuidados son menos importantes que otros gastos. Cuando un político promete y no cumple, está entrenando a la población en el cinismo. Y el cinismo mata más que la violencia misma: mata la esperanza de que algo pueda cambiar.

La clase política boliviana juega a ser representante sin representar, promete cambio sin comprometerse, y construye complicidades con quienes administran la justicia para que los privilegios se mantengan mientras la gente espera.

Mientras escribo esto, alguien sigue en la fila del centro de salud. Alguien más está siendo agredida y no llama porque sabe que la respuesta tardará. Alguien más está eligiendo entre trabajar o cuidar, porque no puede hacer ambas cosas sin colapsar. La ley no les habla. La promesa no les alcanza. Necesitan que el Estado deje de ser un anuncio y empiece a ser una presencia.

La historia pondrá en su lugar a los políticos mentirosos. Quedarán signados no por lo que prometieron, sino por lo que omitieron. Por cada fila en un centro de salud que no acortaron, por cada víctima de violencia que no protegieron, por cada ley que dejaron dormir en el papel. El engaño tiene memoria. Y la memoria, tarde o temprano, cobra.

No necesitamos más "cambio" en discurso. Necesitamos compromiso político con las necesidades reales del pueblo. No favores que otorgar cuando conviene. Defensa de derechos que se exige siempre. Los que dicen representarnos tienen que entender: no les pedimos limosnas de campaña. Les exigimos el cumplimiento de lo que ya es ley, lo que ya es deber, lo que ya es justicia.

Las urnas ya hablaron. Ahora que los hechos empiecen a hacerlo. O que la historia haga su trabajo.

*Rodrigo Blanco es cofundador de Fundación ECOS, trabaja en prevención de violencias desde el enfoque de salud planetaria.

 


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