Prevenir la violencia empieza en tu casa (y en la quebrada que pasa por tu barrio)
Ayer vi a un papá gritándole a su hijo en el mercado: "¡Los hombres no lloran, carajo!" El niño tenía como 5 años y se había caído. Tenía lastimada su rodilla, pero tragaba sus lágrimas mientras su papá lo jalaba del brazo. ¿Te suena familiar? En esas cuestiones aprendidas comienza todo.
Nos preguntamos por qué cada 3 días muere una mujer en Bolivia, por qué nuestros hijos están deprimidos, por qué tu vecino explotó y le pegó a su esposa, y la respuesta está en esa historia cotidiana del mercado, en ese papá que también aprendió a no llorar, a no pedir ayuda, a aguantarse todo hasta que explota.
Trabajo con hombres y he trabajado con hombres denunciados por violencia y ¿Sabes qué tienen en común? Ninguno aprendió a decir "me duele", "tengo miedo", "necesito ayuda". Les enseñaron que ser hombre es ser una piedra. Y cuando las piedras se calientan demasiado... se rompen. Y rompen lo que tienen alrededor.
El árbol que no dejamos crecer
Acá va algo que en principio puede parecer raro, pero que tiene sentido y razón: la crisis climática y la violencia son la misma cosa. Suena loco, ¿no? Pero es un ejercicio necesario el pensarlo: un niño que crece en una casa donde no hay agua porque la quebrada está contaminada, donde el calor es insoportable porque cortaron todos los árboles, donde la comida escasea porque la tierra ya no da... ese niño vive en estrés permanente. Y el estrés crónico genera... violencia. Sin naturaleza sana, no hay humanos sanos. Es salud planetaria: todo está conectado.
El Estado boliviano gasta millones persiguiendo a agresores. Bien. Pero la inversión es escasa e insuficiente en evitar que ese niño del mercado se convierta en uno. Es como si tu casa se estuviera incendiando y vos solo tuvieras bomberos, pero nadie que te enseñe a no dejar la cocina prendida.
Lo que necesitamos hacer ya
Hablar claro hoy es urgente, como lo son las acciones desde el Estado. Hoy Bolivia necesita:
Una Ley de Cuidados real. Que tu jefe no te mire mal si pedís permiso para llevar a tu hijo al doctor, que existan guarderías públicas para que las madres no tengan que elegir entre trabajar o cuidar, que los papás tengamos licencia por paternidad razonable para ejercerla, cuidar no puede ser solo cosa de mujeres agotadas. Eso es prevención.
Educación emocional desde kínder. Que en el colegio enseñen a tus hijos a decir "estoy triste" en vez de pegar. Que aprendan que está bien pedir ayuda. Que entiendan qué es consentimiento antes de su primera relación. Eso es prevención.
Trabajar con hombres, no solo contra ellos. Capacitaciones para teorizar y para sensibilizar sobre masculinidades en colegios, universidades, cuarteles, empresas. Espacios donde los hombres podamos deconstruir esa armadura que nos pusieron desde niños. Porque también nos está matando: el 80% de los suicidios en Bolivia son de hombres.
Revisar la Ley 348 con honestidad. No para tirarla. Para mejorarla. Preguntándole a las propias mujeres: ¿funciona? ¿qué falta? ¿cómo te protegemos mejor? Una ley perfectible es una ley viva.
Presupuesto que priorice la vida. Cada peso que se gasta debe preguntarse: ¿esto previene violencia? ¿Esto cuida el agua, el aire, la tierra? ¿Esto genera equidad? Porque no tiene sentido perseguir violentos si seguimos creándolos.
De quién es la responsabilidad
Acá está la pregunta incómoda: ¿de quién es la responsabilidad? Del Estado, obvio. Pero también nuestra. Cada vez que nos reímos de un chiste machista. Cada vez que le decimos a un niño que "los hombres no lloran". Cada vez que tiramos basura a la quebrada y después nos quejamos de que no hay agua. Cada vez que elegimos políticos que prometen mano dura, pero nada de prevención.
La violencia no aparece de la nada. La cultivamos. En nuestras casas, en nuestras conversaciones, en cómo tratamos al planeta.
El futuro que podemos elegir
Pensar una Bolivia donde un niño puede llorar sin vergüenza. Donde un papá puede pedir ayuda sin ser juzgado. Donde las mamás no están al borde del colapso porque hay servicios de cuidado reales. Donde las quebradas están limpias y los bosques vivos porque entendimos que nuestra salud depende de ellos. Donde la Ley 348 sea un respaldo, no la única herramienta.
Eso no es utopía. Es decidir invertir en prevención en vez de solo en emergencia. Es entender que todo está conectado: tu salud mental, la mía, la del planeta.
Entonces, ¿qué elegimos? ¿Seguir criando piedras que explotan o empezar a criar humanos que sienten, cuidan y piden ayuda?
Porque al final, ese niño del mercado puede ser tu hijo. O el que delinque dentro de 20 años. Vos decidís.
¿Estás dispuesto a cambiar algo hoy?
*es cofundador de Fundación ECOS, trabaja en prevención de violencias desde el enfoque de salud planetaria


