¿Por qué se fue Andrea Barrientos?
El pasado viernes se presentó un estudio de OXFAM junto a InternetBolivia.org que recoge diez historias de violencia política digital contra mujeres durante las elecciones pasadas. Una de esas historias es la de Andrea Barrientos, hasta ayer viceministra de Autonomías.
Renunció.
Barrientos ya había sido blanco de ataques antes: cuando decidió ser candidata uninominal, cuando anunció su deseo de ser candidata a alcaldesa, cuando defendió la Ley 348 contra la violencia hacia las mujeres, cuando habló con claridad desde el hemiciclo progresista.
Nada de eso le cayó bien a la derecha conservadora, que tolera mal las disidencias. Pero sería ingenuo pensar que el problema pertenece a un solo sector político. La política boliviana de derecha e izquierda tiene una larga tradición de disciplinar a las mujeres que cuestionan demasiado los órdenes internos.
Barrientos llegó a la política con una mezcla de frontalidad, claridad ideológica y transparencia personal. Eso le abrió un espacio político ganado a pulso propio. Pero aquello que antes iluminó su camino hoy parece ensombrecerlo.
La razón es simple: Andrea Barrientos dijo la verdad. Y la verdad, en política, suele ser una visitante incómoda. Hannah Arendt, decía que la verdad factual es perturbadora porque rompe los relatos que sostienen la vida política y obliga a confrontar la realidad cuando todos preferimos ficciones que nos tranquilicen. Y si esa verdad la dice una mujer, parece molestar todavía más.
Todo comenzó con una declaración sobre la propuesta del 50/50, la redistribución de recursos entre el nivel central y las regiones. Barrientos intentó explicar algo bastante básico sobre el funcionamiento del Estado. En una entrevista señaló: “¿Qué piensan los candidatos que es el 50/50? Que nosotros vamos a agarrar y les vamos a decir: toma el 50% de la plata y tú hazte cargo. No funciona así, tiene que funcionar el ejercicio de corresponsabilidad”.
En términos técnicos, la afirmación es difícil de refutar. El Estado no funciona como una billetera que se reparte por decisión política. La redistribución de recursos implica reformas legales, cambios institucionales y acuerdos legislativos. Pero en campaña electoral la realidad suele ser un obstáculo.
La reacción fue inmediata: críticas, ataques, pedidos de renuncia y hasta la declaración de persona no grata. Barrientos terminó disculpándose públicamente: “Como todo ser humano, cometí un error de comunicación que ha molestado en lo más profundo del espíritu autonómico del país”.
Más tarde cuando le preguntaron cuánto tardaría el proceso ella dijo que no lo sabía, otra vez, no mintió: "Es difícil decir: esto dura dos o tres días, cinco semanas o 10 años. Lo peor que uno puede hacer es dar plazos acelerados. Se está trabajando de manera sólida y efectiva (...) lo que vamos a hacer es que sea corto y efectivo para mejorar la vida de la gente".
El problema nunca fue realmente la comunicación. El problema fue haber dicho de un modo transparente lo que nadie (en campaña electoral) quería escuchar.
Barrientos no dijo nada que otros altos funcionarios no hubieran dicho antes y después de otro modo. El ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, explicó la complejidad del proceso cuando fue consultado sobre el 50/50: “El proceso, porque es un proceso de 50/50, no se hace de la noche a la mañana. Nosotros vamos modificando varias leyes; le va a tocar al Congreso hacer varias modificaciones, leyes de impuestos, leyes competenciales y demás”.
Es decir, exactamente lo mismo: que se trata de un proceso largo, que implica cambios legales profundos y que no puede implementarse de inmediato.
Algo similar señaló el propio presidente Rodrigo Paz, quien explicó que para aplicar el 50/50 sería necesario desmontar buena parte del marco jurídico actual. Habló incluso de eliminar decenas de normas, entre ellas 60 leyes y 40 decretos que hoy estructuran el sistema fiscal del Estado.
Sesenta leyes. Cuarenta decretos. No parece, precisamente, un trámite administrativo sencillo. Mucho menos cuando la Asamblea Legislativa se siente ninguneada.
La pregunta entonces es inevitable: ¿alguien pidió la renuncia del ministro Espinoza? ¿Alguien pidió la renuncia del presidente Paz? Por supuesto que no.
La campaña política parece tolerarlo todo, incluso la irresponsabilidad. Durante la campaña presidencial se llegó a decir que desde el primer día de gobierno se aplicaría el 50/50. Hoy, en campaña subnacional, muchos candidatos repiten esa promesa como si fuera una verdad evidente. Y no es. Lo están diciendo de distintos modos las autoridades. Porque si fuera así de simple, ya se habría aplicado.
No harían falta reformas legales ni cambios institucionales. Bastaría con firmar un decreto. Pero no se puede. Y eso es exactamente lo que Barrientos intentó explicar.
Muchos candidatos cruceños encontraron en Andrea Barrientos una oportunidad política. La convirtieron en blanco de ataques para presentarse como defensores de los intereses regionales. Pero queda una pregunta: si lo que dijo Barrientos era tan escandaloso, ¿por qué no reaccionaron igual cuando lo dijo Espinoza? ¿O cuando lo dijo el propio presidente?
La analista política Natalia Aparicio, en medio de la polémica, dijo que pedir la renuncia de Barrientos constituía una forma de acoso y violencia política. Con toda razón señaló que se estaba utilizando un error comunicacional para desatar una campaña de hostigamiento desproporcionada.
La reacción fue inmediata y reveladora. Aparicio fue acusada de centralista. Algunos incluso recurrieron al viejo argumento regionalista para descalificarla: dijeron que, por ser “kolla”, no quería una descentralización efectiva para Santa Cruz. Una acusación burda pero útil en campaña para echar mano del clivaje regional.
El efecto terminó siendo desplazar el debate del fondo del asunto. Ya no se discutía el contenido de las declaraciones, ni la viabilidad real del 50/50, ni el funcionamiento del sistema fiscal del Estado. Se discutía quién tenía derecho a opinar y desde dónde.
Barrientos terminó renunciando bajo presión. Por no mentir. Por decir algo que todos saben.
En lo personal no comparto muchas de las ideas políticas de Andrea Barrientos. Pero en el debate sobre el 50/50 fue probablemente la única que dijo la verdad sin adornos. Y en la política boliviana eso todavía tiene un costo demasiado alto.
El episodio completo deja (otra vez) al descubierto una de las conclusiones del estudio de OXFAM:
A ellas las liquidan.
A ellos los aplauden.


