Comadres, el corazón del Carnaval chapaco

A diferencia de otros grandes carnavales del mundo, donde la frontera entre protagonistas y espectadores está claramente definida, el Carnaval chapaco sigue siendo, esencialmente, una fiesta abierta

Con la Fiesta de Comadres comienza, ahora sí, el tramo central del Carnaval chapaco. Aunque el calendario marque varios hitos, desde hace ya algunos años no resulta exagerado afirmar que Comadres se ha consolidado como el día más representativo de estas celebraciones, incluso por encima de otros momentos tradicionales, en un Carnaval que ha ido perdiendo rasgos propios al ritmo de la comercialización y la segmentación de la fiesta.

Comadres es, sin discusión, la jornada donde la identidad tarijeña se expresa con mayor nitidez. Tal vez por eso se exageran símbolos, vestimentas y rituales, pero lejos de vaciarla de sentido, esa intensificación termina condensando el espíritu profundo de una celebración que ya no es solo local, sino una referencia nacional. Allí donde haya tarijeños organizados —en el eje central, en las fronteras o más allá— habrá una celebración de Comadres que replica esa pertenencia compartida.

Festejar no está reñido con pensar el tiempo que nos toca vivir; al contrario, ambas dimensiones se retroalimentan.

A diferencia de otros grandes carnavales del mundo, donde la frontera entre protagonistas y espectadores está claramente definida —y muchas veces condicionada por el dinero, la membresía o el acceso—, el Carnaval chapaco sigue siendo, esencialmente, una fiesta abierta. No hace falta más que un sombrero, un chisguete y ganas de compartir para formar parte. La calle sigue siendo el escenario principal y eso, en tiempos de exclusión y vitrinas cerradas, no es un detalle menor.

La Fiesta de Comadres reúne además dos características que la distinguen y la fortalecen. Es intergeneracional: madres, hijas y abuelas comparten espacios, músicas y rituales sin que ello resulte forzado ni excepcional. Y es profundamente rural en su raíz, anclada en la campiña tarijeña de donde emergen los elementos que hoy conforman el folklore vivo del departamento. Esa combinación explica buena parte de su vitalidad.

Comadres es, ante todo, una fiesta de mujeres. Y como tal, ha evolucionado con ellas. Si en su expansión popular de hace medio siglo podía leerse como un día de ruptura excepcional con las normas, casi una licencia social para desatar lo contenido, hoy se vive desde claves distintas. La camaradería, la complicidad y la sororidad han ido desplazando viejos estereotipos, construyendo nuevas formas de encuentro entre iguales.

No puede afirmarse sin matices que Comadres sea una fiesta feminista en los términos actuales, aunque probablemente siempre tuvo algo de afirmación y de poder propio. Lo que sí es evidente es que en estas décadas se han alcanzado consensos básicos que atraviesan sensibilidades diversas: la condena a la violencia, la defensa del respeto y la ampliación de espacios de igualdad. Festejar no está reñido con pensar el tiempo que nos toca vivir; al contrario, ambas dimensiones se retroalimentan.

Por eso, así como es importante celebrar Comadres con alegría y orgullo, también lo es hacerlo con responsabilidad. El Carnaval entra en sus días decisivos y el desafío colectivo es engrandecer la fiesta desde el comportamiento individual, cuidando la convivencia y preservando aquello que hace de Tarija un lugar distinto.

Que reine la paz, que prime el respeto y que el disfrute sea compartido.Feliz Carnaval, queridos compadres y queridas comadres.


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