El Cibercrimen y la Trata de Personas: Una Amenaza Creciente en el Ciberespacio
En la era digital, el cibercrimen se ha convertido en una de las mayores amenazas para la seguridad ciudadana, evolucionando desde estafas menores, hasta delitos graves como el tráfico de drogas, la trata de personas y tráfico de migrantes. Este último que vulnera los derechos humanos fundamentales, ha encontrado en el ciberespacio un terreno propicio para su expansión, con organizaciones criminales utilizando plataformas y entornos digitales, para captar probables víctimas.
En Bolivia, América Latina y el mundo, el cibercrimen vinculado a la trata de personas representa un desafío urgente que exige una respuesta integral, combinando prevención, sensibilización, investigación forense y cooperación internacional.
De acuerdo a INTERPOL el “cibercrimen” es cualquier actividad delictiva que utiliza directa o indirectamente una computadora, redes, tecnologías digitales o dispositivos conectados. Esta conducta engloba un espectro de actividades ilícitas en el entorno digital, desde el robo de datos, ataques a infraestructuras informáticas (Ransomware) hasta la explotación de personas a través de plataformas tecnológicas. Según el Informe sobre Cibercrimen 2023, los delitos cibernéticos han crecido un 20% a nivel global entre 2020 y 2023, impulsados por una mayor dependencia de la tecnología y la sofisticación de las redes criminales. Dentro de este panorama, la trata de personas se destaca como uno de los crímenes más atroces, ya que explota la vulnerabilidad de sus víctimas, especialmente mujeres, y niños.
Las redes sociales, con énfasis en TikTok, se han convertido en herramientas clave para los tratantes, quienes crean perfiles falsos o anuncios engañosos para atraer a sus víctimas con promesas de trabajo, viajes o relaciones amorosas. La trata y tráfico de personas, definida por Naciones Unidas, como la captación, transporte o explotación de personas mediante engaño, coerción o abuso de poder, ha evolucionado con el auge de las tecnologías digitales. Las organizaciones criminales utilizan plataformas en línea para identificar, contactar y manipular a sus víctimas, explotando la accesibilidad y el anonimato que ofrecen estas herramientas. Las redes sociales son particularmente efectivas para los tratantes, ya que permiten identificar a las víctimas como una especie de vitrina digital, segmentarlas por su edad, género o situación socioeconómica y después utilizar la tipología más adecuada para captarlas y explotarlas. Los videojuegos en línea, como Roblox o Freefire, también han emergido como espacios de captación, donde los tratantes se hacen pasar por compañeros de juego para establecer relaciones de muy alto riesgo con niños y adolescentes.
En Bolivia, la situación se torna expectante debido a la rápida digitalización y la alta vulnerabilidad identificada en diferentes estudios académicos como el titulado: “Navegando Entre Riesgos Invisibles y Oportunidades Reales” de la UCB. (2025) así como el “Primer Estudio Oficial del Estado Plurinacional de Bolivia Sobre el Uso de Plataformas Digitales por Parte de Niñas, Niños y Adolescentes, y La Caracterización del Acompañamiento Parental” realizado por el Ministerio de Gobierno (2025). Una nota de prensa del periódico Opinión, de julio de 2024, titulaba: “captan a menores de edad a través de juegos en línea”, citando más de 90 denuncias oficiales sobre este delito, mencionando el caso de una menor de edad captada en Freefire que fue encontraba viajando en ruta hacia Perú en 2023. Estos hechos subrayan la dimensión psicológica del cibercrimen, los tratantes utilizan tácticas de manipulación emocional, creando lazos de confianza y la explotación de sueños y aspiraciones.
Combatir el cibercrimen vinculado a la trata de personas requiere un enfoque multidimensional que integre tecnología, educación, colaboración, sensibilización y Educación Digital, primera línea y herramienta más eficiente en la defensa contra la trata en línea.
La Ley Nº1636 del 10 de septiembre de 2025, “Ley Para la Protección de la Integridad de Niñas, Niños y Adolescentes en Entornos Digitales” ha normado y tipificado nuevas conductas y riesgos en entornos digitales, requiriendo la participación de actores clave en su reglamentación, dado que uno de los principales retos será el de la identificación plena del autor, por parte de los órganos de investigación ya que la delincuencia a sofisticado sus procesos de anonimización permitiendo una impunidad flagrante.
La Policía Boliviana tiene la oportunidad de liderar esta lucha, fortaleciendo sus capacidades técnicas y trabajando de la mano con nuestra sociedad. Como investigador, he visto el dolor de las víctimas y sus familias, pero también la esperanza que surge cuando actuamos con determinación, protegerlos es un compromiso con la justicia y la dignidad.
*Jefe de la Policía Boliviana /Especialista en crimen organizado y cibercriminalidad


