¿Si gana el voto nulo habrá nuevas elecciones?
La exclusión de dos candidatos clave, ubicados en las antípodas, como fue el caso de Jaime Dunn de Ávila y Evo Morales Ayma, para las elecciones próximas, ha dejado en el electorado una sensación de vacío, de manipulación grosera no sólo del proceso electoral de esta coyuntura, sino del proceso democrático en su conjunto y de las instituciones responsables, como el Tribunal Supremo Electoral (TSE) y el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP).
Dunn personifica las ideas liberales expresadas con rostro nuevo y discurso franco. Evo Morales representa a los sectores populares de rostro moreno, mestizo, que alzaron cabeza durante su largo gobierno desde 2006 hasta 2019, y de discurso e ideas nacionalistas, aunque su gobierno haya sido contradictorio en muchos aspectos centrales entre palabra y ejercicio de poder concreto.
¿Deberá haber una nueva elección si gana el voto nulo que propugna Evo Morales, en tono de protesta por la ilegitimidad del proceso electoral en curso, al que obtenga el candidato ganador habilitado?
Si ocurre eso (voto nulo mayor al obtenido por el candidato más votado), se afirmará no solo la ilegitimidad de un proceso electoral viciado desde su origen por decisiones cuestionadas del TCP, que se arrogó sin ninguna competencia ni petición expresa, la interpretación del artículo 168 constitucional para impedir la participación de Morales en esta elección, sin que la Constitución Política del Estado lo prohíba expresamente, sino que, además, constituirá clara evidencia del rechazo a un sistema electoral que no canaliza la voluntad popular.
Curiosamente, el TSE, sometido sin el menor reclamo a la arbitrariedad interpretativa de sus colegas también sistémicos del TCP, ha sido dirigido en esta contienda por un magistrado (Óscar Hassenteufel Salazar), designado en el interinato de Jeanine Áñez (2019-2020), escoltada durante su mandato por Erick Foronda, autocalificado como “agente de la CIA”, quien ya fue excluido de ese organismo cuando entró en crisis precisamente antes de la llegada de Evo Morales al gobierno el 2006. Hassenteufel es citado en un cable difundido por Wikileaks de Julián Assange como testigo protegido de la Embajada de EEUU en Bolivia.
No es casual, en consecuencia, ni la exclusión de Dunn ni la de Morales. Dunn tenía posibilidades reales de unificar el voto liberal, perjudicando las expectativas de poder de Jorge Quiroga Ramírez (Tuto), apadrinado por la Embajada norteamericana y sus ojos fijos sobre el litio boliviano.
En suma, si gana el voto nulo, será lo más recomendable abrir una nueva elección general inclusiva, en la que los candidatos propongan y se debatan nuevas reformas estructurales para Bolivia, evitando violencia social y política. Pasará, previamente, por liquidar la impostura de los denunciados magistrados “autoprorrogados” del TCP, y de los agentes activos del TSE, así como de un mando de transición en el Órgano Ejecutivo, tan desacreditado y deslegitimado por las acciones propias del mandatario saliente y su familia.


