Recuperando la Memoria: ¿El fin de las subvenciones y de los subvencionados?
“Casi todos los ciudadanos sabían que las subvenciones servían para el enriquecimiento ilícito de personas inescrupulosas (de adentro y de afuera del gobierno). Con el pretexto de elaborar pan barato, muchos panificadores compraban harina subvencionada y la convertían en cualquier cosa menos en pan (por tanto, la subvención era para sus bolsillos) o, peor aún, la llevaban directamente a vender – a precio no subvencionado – a la frontera del Perú. De la misma manera, se veía colas de camiones cisterna que clandestinamente iban a vender gasolina subvencionada – a precio no subvencionado – en las fronteras brasileña o paraguaya. Y en las gasolineras de las poblaciones fronterizas era muy difícil encontrar el carburante, pues se lo compraban los negociantes de los países vecinos”.
El párrafo citado está en la página 404 de la última edición (septiembre de 2018) del libro Recuperando la Memoria, escrito en 2010 por Rafael Puente Calvo, filósofo, psicopedagogo e historiador nacido en Cochabamba, Bolivia, en 1949. El texto hace referencia a la calamitosa situación económica que asoló la economía de los bolivianos entre los años 1982 a 1985, poco antes de que, por cuarta vez, asuma el gobierno Víctor Paz Estenssoro (MNR). La angustia social por el empobrecimiento que se extendió a gran parte de la población, le permitió a ese nuevo gobierno imponer el Decreto Supremo 21060 con la acción represora del Estado de por medio, a solo tres semanas de posesionarse en agosto de 1985, iniciando un largo y doloroso ciclo económico neoliberal y antinacional.
En esa época también había dólares preferenciales, porque la divisa no estaba disponible para quienes la necesitaban. Y entre subvención a la harina, a los carburantes y la asignación de dólares preferenciales, se enriquecieron, como recuerda Puente Calvo, muchos bolsillos a costa de millones de bolivianos. ¿Suena familiar? ¿Suena a familias actuales? Pues sí, ambas cosas, y muy evidentes.
Al casi idéntico panorama de 1985, cuarenta años después debemos añadir un asunto central abordado hace poco de manera magistral por una activista y periodista connotada (María Galindo): el manejo y destino del ahorro interno administrado desde hace dos años por la Gestora Pública de Seguridad a Largo Plazo (Gestora), que, heredando la administración de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) que iniciaron su gestión en 1997, y sin modificar un ápice el modelo neoliberal de la gestión del ahorro previsional (contrariamente, profundizándolo, como en 2007 lo anunció el entonces ministro de Economía, Luis Arce Catacora, aspecto que abordaremos en una próxima entrega), decide prestar dicho ahorro (el aporte para la jubilación de los trabajadores asalariados e independientes de Bolivia), para financiar operaciones en nuestro propio territorio de empresas extranjeras de minería, de telecomunicaciones, de agricultura y hasta de comercio de importación puro y simple. No es, entonces, inversión extranjera en Bolivia. Es financiamiento, vía préstamos generosos de los bolivianos, a favor de empresas extractivas transnacionales en nuestro territorio y en nuestras narices. Y todo en silencio, en sigilo.
De ahí el valor inmenso de la alerta oportuna de la activista y periodista María Galindo. Tan inmenso como el valor del ahorro acumulado por los trabajadores desde 1997 a la fecha: más de 28 mil millones de dólares (si tomamos en cuenta el cambio oficial de la divisa, monto que se reduce a la mitad o menos si consideramos el cambio extraoficial o paralelo). El monto equivale virtualmente al monto total de préstamos del sistema bancario boliviano.
Puente Calvo, en esa su también denominada “Historia crítica de Bolivia” que se constituye, en nuestro criterio, en una entrega de apasionado amor por su pueblo escrita con la madurez y la experiencia acumulada en sus años de asesor de la Confederación Sindical Única Trabajadores Campesinos de Bolivia, diputado entre los turbulentos años 1979 y 1983 por Izquierda Unida, y, luego, viceministro, prefecto en Cochabamba y director de la Escuela de Formación Política del Movimiento al Socialismo (MAS), entre 2007 y 2011, entre otras actividades, nos alerta de los peligros que nuevamente amenazan a nuestro país. Nuestra coyuntura es casi un calco de la que vivió Bolivia en la década de los 80 del siglo pasado, solo que entonces el que ejercía la presidencia, Hernán Siles Suazo, rebasado por la situación, supo renunciar al cargo y facilitar un tránsito pacífico. Contrariamente, el actual gobierno de Arce Catacora, alargado hasta la cuasi inanición del Estado y la economía de los bolivianos por la aplicación obsecuente de un modelo neoliberal disfrazado por el discurso nacional indomestizo con que inició el gobierno del MAS el 2006, hace el juego a la extrema derecha, a la que facilita una posible victoria electoral por los desatinos acumulados.
Y, así como en el pasado hubo fundadas denuncias de corrupción al más alto nivel en plena crisis, ahora no son menores las acusaciones lanzadas contra Arce Catacora y su familia: compra de varias miles de hectáreas de tierras a valores impagables por un muchacho de 25 años; intervención en negocios en YPFB y Litio; nexos familiares con el sistema financiero y con funcionarios de la Gestora que deciden en que empresas y entidades “invertir” (prestar) el ahorro de los bolivianos, etcétera, incluyendo el favor mayor: la destrucción y división del instrumento político del que se sirvió para ejercer estos últimos años el poder ejecutivo.
Es el momento de leer, releer y recuperar la memoria para rescatar, otra vez, el destino nacional, en momentos en que la deriva de los gobiernos en los últimos 20 años, nos han puesto, nuevamente, en los límites del caos social.
Puente Calvo se decepcionó profundamente por las defecciones del MAS y los retrocesos después de los primeros años (2006 a 2011) de gobierno. Lo ocurrido desde entonces a la fecha le ha dado la razón en muchos aspectos. En todo caso, es preciso reconocer y valorar la entrega del autor cochabambino que, con su última obra citada aquí, nos obliga a todos a actuar en defensa de nuestro destino y nuestra patria.


