El Coronavirus y sus consecuencias
La pandemia del coronavirus COVID-19 constituye una calamidad inesperada, que está poniendo a prueba la solidez de las instituciones y la capacidad de adoptar reacciones apropiadas por parte de los diferentes países donde ya se ha instalado. Desde su primera aparición en China, a fines del...
La pandemia del coronavirus COVID-19 constituye una calamidad inesperada, que está poniendo a prueba la solidez de las instituciones y la capacidad de adoptar reacciones apropiadas por parte de los diferentes países donde ya se ha instalado. Desde su primera aparición en China, a fines del año pasado, se ha extendido a 150 países, habiendo provocado hasta ahora más de 250.000 personas infectadas y más de 10.000 fallecimientos.
La forma de propagación de esta pandemia es más o menos la misma en todos los países, aunque la velocidad de expansión y su respectivo tratamiento varía en cada caso, según sus respectivos marcos políticos e institucionales, la solidez de sus sistemas sanitarios y, no menos importante, las conductas de sus sociedades.
La medida más importante para frenar la expansión de la pandemia consiste en evitar que el contagio se acelere exponencialmente y provoque el colapso del sistema de salud. Los controles en los aeropuertos y las restricciones del contagio en los lugares públicos pretenden evitar que el número máximo de infecciones rebase la capacidad efectiva de atención de los diversos hospitales y centros de salud, con sus correspondientes equipamientos y disponibilidad del material sanitario necesario.
A tales efectos se han suspendido los eventos deportivos y culturales, ha entrado en receso el funcionamiento del sistema escolar y universitario, se ha acortado la jornada laboral en general, y se ha reglamentado el horario de funcionamiento de los comercios y servicios, para que la gente no concurra a lugares públicos donde el contagio es más probable.
La situación imperante muestra grandes diferencias entre países, debido a la etapa en que se encuentra el proceso de contagio en cada caso. La pandemia empezó hace tres meses en el Asia, en particular en China, y pasó recién en el último mes a Europa, donde está ahora concentrada. Se espera que en abril la crisis sanitaria se traslade a América Latina y África.
Junto con la propagación internacional de la pandemia del coronavirus se registran también graves perturbaciones económicas y financieras por el colapso de las principales Bolsas y mercados financieros, activadas entre otras causas por (i) la reducción del crecimiento y la correspondiente demanda internacional de la China, (ii) la caída de los precios de los hidrocarburos provocada por la disputa entre Arabia Saudita y Rusia, y (iii) la propia propagación de la pandemia del coronavirus. Como era de esperar, ese conjunto complejo de perturbaciones sanitarias y económicas se han hecho también presentes en Bolivia y otros países latinoamericanos.
El país no estaba preparado para esto. La coyuntura estaba caracterizada por la transición política mediante las elecciones previstas para el 3 de mayo, aunque algunas opiniones advertían también sobre una probable recesión económica a corto plazo. Es posible sostener, por consiguiente, que Bolivia enfrenta en simultáneo una desaceleración económica y una crisis sanitaria inédita en sus dimensiones y alcances, cuyo momento crítico se espera que ocurra durante abril, y que tales circunstancias representan un enorme desafío para las autoridades gubernamentales y departamentales, los líderes políticos, las élites económicas y la sociedad civil en sus diferentes expresiones.
Se trata de otorgar de manera efectiva la máxima prioridad a la crisis sanitaria, mediante una estrategia integral, equitativa y participativa, orientada a fortalecer el sistema de salud con recursos extraordinarios, acompañada de un esfuerzo colectivo para restablecer umbrales mínimos de cohesión social, evitando la repetición de medidas clientelistas. Se requiere, en segundo lugar, proteger las fuentes de trabajo y los ingresos del voluminoso sector informal de la economía, que será el más afectado en lo inmediato.
La forma de propagación de esta pandemia es más o menos la misma en todos los países, aunque la velocidad de expansión y su respectivo tratamiento varía en cada caso, según sus respectivos marcos políticos e institucionales, la solidez de sus sistemas sanitarios y, no menos importante, las conductas de sus sociedades.
La medida más importante para frenar la expansión de la pandemia consiste en evitar que el contagio se acelere exponencialmente y provoque el colapso del sistema de salud. Los controles en los aeropuertos y las restricciones del contagio en los lugares públicos pretenden evitar que el número máximo de infecciones rebase la capacidad efectiva de atención de los diversos hospitales y centros de salud, con sus correspondientes equipamientos y disponibilidad del material sanitario necesario.
A tales efectos se han suspendido los eventos deportivos y culturales, ha entrado en receso el funcionamiento del sistema escolar y universitario, se ha acortado la jornada laboral en general, y se ha reglamentado el horario de funcionamiento de los comercios y servicios, para que la gente no concurra a lugares públicos donde el contagio es más probable.
La situación imperante muestra grandes diferencias entre países, debido a la etapa en que se encuentra el proceso de contagio en cada caso. La pandemia empezó hace tres meses en el Asia, en particular en China, y pasó recién en el último mes a Europa, donde está ahora concentrada. Se espera que en abril la crisis sanitaria se traslade a América Latina y África.
Junto con la propagación internacional de la pandemia del coronavirus se registran también graves perturbaciones económicas y financieras por el colapso de las principales Bolsas y mercados financieros, activadas entre otras causas por (i) la reducción del crecimiento y la correspondiente demanda internacional de la China, (ii) la caída de los precios de los hidrocarburos provocada por la disputa entre Arabia Saudita y Rusia, y (iii) la propia propagación de la pandemia del coronavirus. Como era de esperar, ese conjunto complejo de perturbaciones sanitarias y económicas se han hecho también presentes en Bolivia y otros países latinoamericanos.
El país no estaba preparado para esto. La coyuntura estaba caracterizada por la transición política mediante las elecciones previstas para el 3 de mayo, aunque algunas opiniones advertían también sobre una probable recesión económica a corto plazo. Es posible sostener, por consiguiente, que Bolivia enfrenta en simultáneo una desaceleración económica y una crisis sanitaria inédita en sus dimensiones y alcances, cuyo momento crítico se espera que ocurra durante abril, y que tales circunstancias representan un enorme desafío para las autoridades gubernamentales y departamentales, los líderes políticos, las élites económicas y la sociedad civil en sus diferentes expresiones.
Se trata de otorgar de manera efectiva la máxima prioridad a la crisis sanitaria, mediante una estrategia integral, equitativa y participativa, orientada a fortalecer el sistema de salud con recursos extraordinarios, acompañada de un esfuerzo colectivo para restablecer umbrales mínimos de cohesión social, evitando la repetición de medidas clientelistas. Se requiere, en segundo lugar, proteger las fuentes de trabajo y los ingresos del voluminoso sector informal de la economía, que será el más afectado en lo inmediato.


