Coronavirus: ¿Peor el remedio que la enfermedad?
Alejandro Arana El 31 de diciembre de 2019 las autoridades de salud chinas reportaban a la Organización Mundial de la Salud (OMS) el primer caso de Covid-19 causado por coronavirus. Hasta el momento, y de acuerdo a datos oficiales, 207.855 personas en 166 países han sido infectadas, de las...
Alejandro Arana
El 31 de diciembre de 2019 las autoridades de salud chinas reportaban a la Organización Mundial de la Salud (OMS) el primer caso de Covid-19 causado por coronavirus. Hasta el momento, y de acuerdo a datos oficiales, 207.855 personas en 166 países han sido infectadas, de las cuales 8.648 han fallecido, con una tasa de mortalidad de aprox. 4,1%. Sin embargo, a medida que las cifras de nuevos casos y las medidas tomadas por los gobiernos para contener el brote se hacen públicos, otro virus aún más peligroso se esparce por el mundo, causando mucho mayor daño, el pánico.
Qué tan rápido se expande una epidemia depende del llamado número reproductivo R que indica cuántas personas contagia cada infectado. Según el Centro de Modelización Matemática de Enfermedades Infecciosas de Londres, países como Italia han logrado reducir dicho número de 3 hasta los actuales 2 y China a solo 0.5 por lo que se espera que allí la epidemia se extinga pronto. Mientras el coronavirus se transmite a través de gotas al estornudar y/o toser que no llegan a 2 metros y solo puede sobrevivir en algunas superficies hasta 9 días, el pánico se propaga por las redes sociales, con cada nuevo mensaje alcanzando miles de personas instantáneamente, llegando a los lugares más remotos y permaneciendo online por tiempo indefinido.
No cabe duda que el problema es muy serio y requiere de medidas firmes para su contención porque, aunque solo afecte principalmente a personas de la tercera edad y aquellos con enfermedades de base, la tasa de mortalidad resulta ser 20 veces mayor que el de la gripe común.
Sin embargo, lo que nunca debe perderse de vista al formular las políticas públicas para combatir este y otros males, es el realizar un pormenorizado análisis costo-beneficio de las acciones a tomar. Lo último deseable en estos casos sería incurrir en lo que vulgarmente se conoce como “matar moscas a cañonazos”, situación que ocurre cuando se adoptan políticas efectivas pero muy poco eficientes porque implican un gran desperdicio de recursos o cuando los efectos negativos sobrepasan los beneficios buscados.
En este sentido, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos estima que el temor asociado al coronavirus y las acciones tomadas reducirán el crecimiento del PIB mundial para el 2020 de un 2,9% a un 1,4%, y generará pérdidas por un 20% del valor de mercado en las principales bolsas.
Lamentablemente, un menor crecimiento económico mundial, implica no solo menores fuentes de trabajo, sino menores recursos públicos disponibles para invertir en el área social incluido saneamiento básico y el propio sector salud, lo que inevitablemente implicará un mayor número de muertes por otras patologías. Confiamos que todas estas variables han sido debidamente valoradas para que el remedio no termine siendo peor que la enfermedad.
El 31 de diciembre de 2019 las autoridades de salud chinas reportaban a la Organización Mundial de la Salud (OMS) el primer caso de Covid-19 causado por coronavirus. Hasta el momento, y de acuerdo a datos oficiales, 207.855 personas en 166 países han sido infectadas, de las cuales 8.648 han fallecido, con una tasa de mortalidad de aprox. 4,1%. Sin embargo, a medida que las cifras de nuevos casos y las medidas tomadas por los gobiernos para contener el brote se hacen públicos, otro virus aún más peligroso se esparce por el mundo, causando mucho mayor daño, el pánico.
Qué tan rápido se expande una epidemia depende del llamado número reproductivo R que indica cuántas personas contagia cada infectado. Según el Centro de Modelización Matemática de Enfermedades Infecciosas de Londres, países como Italia han logrado reducir dicho número de 3 hasta los actuales 2 y China a solo 0.5 por lo que se espera que allí la epidemia se extinga pronto. Mientras el coronavirus se transmite a través de gotas al estornudar y/o toser que no llegan a 2 metros y solo puede sobrevivir en algunas superficies hasta 9 días, el pánico se propaga por las redes sociales, con cada nuevo mensaje alcanzando miles de personas instantáneamente, llegando a los lugares más remotos y permaneciendo online por tiempo indefinido.
No cabe duda que el problema es muy serio y requiere de medidas firmes para su contención porque, aunque solo afecte principalmente a personas de la tercera edad y aquellos con enfermedades de base, la tasa de mortalidad resulta ser 20 veces mayor que el de la gripe común.
Sin embargo, lo que nunca debe perderse de vista al formular las políticas públicas para combatir este y otros males, es el realizar un pormenorizado análisis costo-beneficio de las acciones a tomar. Lo último deseable en estos casos sería incurrir en lo que vulgarmente se conoce como “matar moscas a cañonazos”, situación que ocurre cuando se adoptan políticas efectivas pero muy poco eficientes porque implican un gran desperdicio de recursos o cuando los efectos negativos sobrepasan los beneficios buscados.
En este sentido, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos estima que el temor asociado al coronavirus y las acciones tomadas reducirán el crecimiento del PIB mundial para el 2020 de un 2,9% a un 1,4%, y generará pérdidas por un 20% del valor de mercado en las principales bolsas.
Lamentablemente, un menor crecimiento económico mundial, implica no solo menores fuentes de trabajo, sino menores recursos públicos disponibles para invertir en el área social incluido saneamiento básico y el propio sector salud, lo que inevitablemente implicará un mayor número de muertes por otras patologías. Confiamos que todas estas variables han sido debidamente valoradas para que el remedio no termine siendo peor que la enfermedad.


