Entre mitómanos y piromaníacos
Los focos de calor registrados en los bosques secos de la Chiquitania no han cesado. A pesar de los grandes esfuerzos desplegados por el cuerpo de bomberos, voluntarios, ejército y activistas en general, aún persiste el voraz incendio propagado después del DS 3973 de 9 de julio, que autoriza...
Los focos de calor registrados en los bosques secos de la Chiquitania no han cesado. A pesar de los grandes esfuerzos desplegados por el cuerpo de bomberos, voluntarios, ejército y activistas en general, aún persiste el voraz incendio propagado después del DS 3973 de 9 de julio, que autoriza los desmontes y la “quema controlada” en predios privados y comunitarios para habilitar la frontera agrícola, principalmente para el sector ganadero y agroindustrial de los departamentos del Beni y Santa Cruz.
El reciente informe de monitoreo de la gobernación de Santa Cruz, da cuenta de la persistencia de 24 focos de calor, después de llegar a sumar 8000 en el mes de agosto, arrasando 3.900.000 hectáreas, de las cuales 1,7 millones pertenecen a áreas protegidas.
No cabe duda que las cuantiosas pérdidas son incalculables. Más aún si tomamos en cuenta que el bosque chiquitano –hoy reducido a cenizas- es un complejo de biodiversidad endémico y que acoge a la Reserva Natural de Tucavaca, que poseía alrededor de 554 especies distintas de animales entre mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces; además de fauna y plantas endémicas que solo existían en este lugar del mundo. Entre los impactos de afectación considerable se tiene a los suelos, la biomasa boscosa y la biodiversidad; la calidad del aire que incrementará notablemente el aumento de gases de efecto invernadero, así como la deforestación y contaminación de acuíferos de agua dulce. Expertos ambientalistas estiman que la reforestación de zonas afectadas demorará al menos 200 años.
El atentado medioambiental impulsado por las ambiciones gubernamentales que de manera consecutiva fue aprobando una serie de Leyes de “perdonazo”, promoción e impulso de la frontera agrícola, en complicidad directa con empresarios agroindustriales del oriente y campesinos colonizadores afines, dio lugar al despliegue piromaníaco desproporcionado e irrefrenable impulso por iniciar fuegos –pues definitivamente, no fue un accidente-, sin el menor reparo de las terribles consecuencias y efectos al medioambiente, el ecosistema y la biodiversidad.
Al parecer, Morales apostó a complacer a un puñado de empresarios del agro y la ganadería a cambio de estatuas y plaquetas recordatorias por viabilizar la exportación de carne a los mercados de China, a un costo demasiado alto que da cuenta del mayor ecocidio y biocidio, que debe ser vista a la par con otros crímenes de lesa humanidad. Por otro lado, la visión de desarrollo económico extractivista ya no corresponde al presente siglo y más aún resulta atentatoria a las políticas de lucha y mitigación del cambio climático y el efecto invernadero.
De igual forma, no deja de sorprendernos la mitomanía compulsiva del presidente que continuamente busca llamar la atención y admiración inmediata para compensar sus bajos niveles de autoestima y personalidad narcisista y frívola, profiriendo falacias y embustes indefendibles ante una comunidad internacional que observa atónita, las incongruencias de un adicto mentiroso, que el pasado 23 de septiembre en ocasión de la cumbre especial de Acción Climática de la ONU, aseguraba ante un auditorio cada vez más reducido –pues hace mucho perdió credibilidad-, que la respuesta ante el desastre ambiental de la Chiquitania, habría sido “rápida y efectiva”.
Bien sabemos que la respuesta gubernamental fue demasiado tardía, negando incluso la declaratoria de desastre nacional para mitigar y contrarrestar el daño ambiental y la destrucción del hogar natural de varias especies de animales mamíferos, aves, reptiles y anfibios; además de fauna y plantas endémicas. Lo cierto es que tarde o temprano, los responsables deberán afrontar un juicio de responsabilidades ante la Corte Penal Internacional por este crimen de lesa humanidad.
*Es docente e investigador de la UMSS - CBBA
El reciente informe de monitoreo de la gobernación de Santa Cruz, da cuenta de la persistencia de 24 focos de calor, después de llegar a sumar 8000 en el mes de agosto, arrasando 3.900.000 hectáreas, de las cuales 1,7 millones pertenecen a áreas protegidas.
No cabe duda que las cuantiosas pérdidas son incalculables. Más aún si tomamos en cuenta que el bosque chiquitano –hoy reducido a cenizas- es un complejo de biodiversidad endémico y que acoge a la Reserva Natural de Tucavaca, que poseía alrededor de 554 especies distintas de animales entre mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces; además de fauna y plantas endémicas que solo existían en este lugar del mundo. Entre los impactos de afectación considerable se tiene a los suelos, la biomasa boscosa y la biodiversidad; la calidad del aire que incrementará notablemente el aumento de gases de efecto invernadero, así como la deforestación y contaminación de acuíferos de agua dulce. Expertos ambientalistas estiman que la reforestación de zonas afectadas demorará al menos 200 años.
El atentado medioambiental impulsado por las ambiciones gubernamentales que de manera consecutiva fue aprobando una serie de Leyes de “perdonazo”, promoción e impulso de la frontera agrícola, en complicidad directa con empresarios agroindustriales del oriente y campesinos colonizadores afines, dio lugar al despliegue piromaníaco desproporcionado e irrefrenable impulso por iniciar fuegos –pues definitivamente, no fue un accidente-, sin el menor reparo de las terribles consecuencias y efectos al medioambiente, el ecosistema y la biodiversidad.
Al parecer, Morales apostó a complacer a un puñado de empresarios del agro y la ganadería a cambio de estatuas y plaquetas recordatorias por viabilizar la exportación de carne a los mercados de China, a un costo demasiado alto que da cuenta del mayor ecocidio y biocidio, que debe ser vista a la par con otros crímenes de lesa humanidad. Por otro lado, la visión de desarrollo económico extractivista ya no corresponde al presente siglo y más aún resulta atentatoria a las políticas de lucha y mitigación del cambio climático y el efecto invernadero.
De igual forma, no deja de sorprendernos la mitomanía compulsiva del presidente que continuamente busca llamar la atención y admiración inmediata para compensar sus bajos niveles de autoestima y personalidad narcisista y frívola, profiriendo falacias y embustes indefendibles ante una comunidad internacional que observa atónita, las incongruencias de un adicto mentiroso, que el pasado 23 de septiembre en ocasión de la cumbre especial de Acción Climática de la ONU, aseguraba ante un auditorio cada vez más reducido –pues hace mucho perdió credibilidad-, que la respuesta ante el desastre ambiental de la Chiquitania, habría sido “rápida y efectiva”.
Bien sabemos que la respuesta gubernamental fue demasiado tardía, negando incluso la declaratoria de desastre nacional para mitigar y contrarrestar el daño ambiental y la destrucción del hogar natural de varias especies de animales mamíferos, aves, reptiles y anfibios; además de fauna y plantas endémicas. Lo cierto es que tarde o temprano, los responsables deberán afrontar un juicio de responsabilidades ante la Corte Penal Internacional por este crimen de lesa humanidad.
*Es docente e investigador de la UMSS - CBBA


