Inversión Extranjera: Calidad antes que Cantidad

El pasado mes, la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) presentó su informe sobre la Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe. Es necesario hacer una lectura de contexto respecto a la reducción del 56% en las entradas de inversión extranjera directa...

El pasado mes, la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) presentó su informe sobre la Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe. Es necesario hacer una lectura de contexto respecto a la reducción del 56% en las entradas de inversión extranjera directa a Bolivia.

Los flujos de inversión a nivel mundial disminuyeron por tercer año consecutivo. Las causas fueron por un lado, la reforma tributaria estadounidense que favoreció la repatriación de utilidades de muchas transnacionales del país del norte; en segundo lugar, la guerra comercial entre EE.UU. y China, sumado a las tensiones en Europa en torno al Brexit, generan un clima de incertidumbre.

La incertidumbre es un problema en economía debido a que afecta las expectativas de los agentes económicos. Ante un clima de negocios incierto, las empresas reperfilaron sus programas de inversión, priorizando proyectos que ofrezcan retornos más rápidos y con mayores márgenes de utilidad, en detrimento de la extracción de recursos naturales o commodities, que están más expuestos a movimientos especulativos

Las inversiones en los sectores extractivos se enfocan ahora en pocos proyectos de gran envergadura con visión de mediano y largo plazo. En el sector manufacturero y de servicios, la inversión se dirige a fusiones y adquisiciones de empresas ya constituidas. Por último, la inversión de cartera dirigida al sector financiero se contrajo.

En su presentación, la Secretaria Ejecutiva de CEPAL, Alicia Bárcena recomendó a los países de América Latina y el Caribe priorizar “calidad en lugar de cantidad” en el actual contexto: atraer inversiones destinadas a la industrialización de los recursos naturales y a la generación de valor agregado en lugar de aquellas dirigidas al sector extractivo, que generalmente dejan reducidos aportes fiscales e importantes pasivos ambientales en los países de origen.

Si bien Brasil fue el país que mayor inversión extranjera captó en 2018, lo hizo a costa de la privatización de empresas públicas del sector agropecuario, y algunas distribuidoras de gas y energía. Perú, Chile y Ecuador lograron importantes flujos de inversión extranjera en grandes proyectos mineros, que generan muy poco valor agregado y deben su rentabilidad en gran medida a los incentivos fiscales ofrecidos por los gobiernos de estos países. Estos y otros proyectos generan cada vez mayor rechazo de la población, como los casos de Quimsacocha en Ecuador y Tía María en Perú.

Bolivia en cambio, suscribió dos convenios de inversión de “calidad” antes que “cantidad” orientados a la industrialización del litio; el primero con la alemana ACI Systems por alrededor de $us 1.300 millones, y el segundo con la china TBA Baocheng para la industrialización de las salmueras de Coipasa y Pastos Grandes, con cerca de $us 2.400 millones. Adicionalmente, está la inversión pública que suma más de $us 5.000 millones presupuestados en 2019, destinada a rubros que otros países dejan en manos del sector privado como infraestructura, energía, comunicaciones, hidrocarburos y manufacturas.
El panorama de la inversión en Bolivia va más allá de la lectura penitente y autoflagelante de algunos analistas. Es necesario revisar los detalles y el contexto nacional e internacional para evitar caer en análisis falaces que sólo desinforman.

(*) El autor es economista de la UMSA con mención en Análisis Económico, ex dirigente estudiantil y estudioso de los movimientos políticos y sociales.

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