Misiones de Moxos y Chiquitos, construyendo el imaginario colectivo (5)

Bajo el título “Las antiguas Misiones Jesuíticas de Moxos y Chiquitos, Posibilidades de su aprovechamiento turístico”, José Javier Martini elaboró un documento técnico por encargo de la UNESCO, para el gobierno boliviano, entregado el 3 de mayo de 1977. En él aparecen los nombres de...

Bajo el título “Las antiguas Misiones Jesuíticas de Moxos y Chiquitos, Posibilidades de su aprovechamiento turístico”, José Javier Martini elaboró un documento técnico por encargo de la UNESCO, para el gobierno boliviano, entregado el 3 de mayo de 1977.
En él aparecen los nombres de quienes fueron referentes, y otros, con la misma voluntad. “Diversas personas fueron consultadas durante el transcurso de las tareas de campo y de la redacción del informe, entre las que cabe mencionar a los historiadores Eduardo Arce Quiroga, Hernando Sanabria Fernández, y Alcides Parejas y el antropólogo Walter Hermosa. A la directora del Instituto Boliviano de Cultura, Julia Elena Fortún, y a los especialistas en arte colonial hispanoamericano Héctor Schenone y Adolfo Ribera. El autor agradece la ayuda de los nombrados, así como la del licenciado Gregorio Machicado, del Instituto Boliviano de Turismo...”
El trabajo proponía las acciones a realizarse con la visión de hace 40 años atrás: restauración de edificios, puesta en valor y difusión de los bienes culturales, preservación y desarrollo del entorno urbano y paisajístico, alojamiento y otros servicios turísticos, transporte aéreo, fluvial y carretero, y promoción publicitaria.
“Las misiones o reducciones que la Compañía de Jesús instaló en diversas zonas de las áreas tropicales y subtropicales de la América del Sud constituyen uno de los episodios más interesantes de la historia colonial de este continente. Fueron, según un estudioso actual, una Utopía, un cuestionamiento continuo del mundo colonial que fracasó porque quedó truncado uno de los proyectos más anticoloniales dentro de la Colonia” (Meliá, 1972).
Cuando en el año 1990 fueron declaradas Patrimonio Cultural Vivo de la Humanidad por la UNESCO, se abrió un espacio de significación especial; se valoró el que las territorios contaban con un entorno humano que desarrollaba su vida en el lugar original, y las obras de arquitectura superando su calidad de reminiscencia del pasado, eran un elemento generador de relaciones vitales. El pueblo chiquitano, ampliado a la sociedad nacional que lo habitaba, reconocía en el modo cultural que respiraba cotidianamente, un elemento de valoración propia y de empoderamiento frente a otras manifestaciones culturales.
Esta evidencia se confirmó con la expresión musical que tiene el peso de la auto identificación.
La apropiación de la partitura, guardada celosamente en la memoria, en los arcones de Santa Ana de Velasco, en el solfa viviente Januario Soriocó y en los archivos de las iglesias misionales, fueron la llave y el camino de conexión local con el mundo. La restauración material de las claves musicales y la construcción de instrumentos, permitieron descubrir de manera natural que los chiquitanos guardaban la habilidad para interpretar pentagramas y convertirlos en materia y espíritu. Bajo aleros centenarios y con la lozanía del barroco americano, la música se expresó en sus versiones sacras y profanas manteniendo la alegría y el discurrir del viento y el agua en la selva. En todos los pueblos chiquitanos, y en los lugares que están siendo apropiados por esta energía creativa, la impronta de un pueblo universal impone dulcemente su presencia.
Esta aventura magistral, desde que se inició la siembra de la música tiene en el maestro Ruben Darío Suarez Arana el alma, el duende y la multiplicación de las capacidades en el territorio. Piotr Nawrot es el Director artístico de los Festivales, y discurren los nombres de Arturo Molina, Juan Mario Moreno, José Adán Uraeza, Adalid Poquibiqui, Ignacio Tomichá, Damián Vaca, Antoine Duhamel, Alejandro Abapucú, Julian Oreyay, Bernado Uraezaña, Claros Urquiza, carolina Zabala, Adelina Anori…

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