Estado y Salud

La salud de la población y la responsabilidad del Estado, un problema antiguo, urgente y ahora objeto de demagogia. En Bolivia todo el mundo sabe lo insuficientes y caros —y con frecuencia ineficaces— que son los servicios de salud. No hay médicos ni hospitales ni equipos suficientes. Y...

La salud de la población y la responsabilidad del Estado, un problema antiguo, urgente y ahora objeto de demagogia. En Bolivia todo el mundo sabe lo insuficientes y caros —y con frecuencia ineficaces— que son los servicios de salud. No hay médicos ni hospitales ni equipos suficientes. Y todos los días hay gente que se muere no porque sus males sean incurables sino por falta de atención de salud. Todos los días. Y sin embargo se nos llena la boca comentando el nunca visto crecimiento económico de nuestro país, cosa que es cierta, sin duda, pero que viene a hacer más imperdonable que los servicios de salud sigan siendo precarios.

Y ahora el Presidente del Estado nos dice que él no estaba suficientemente
informado. Dan ganas de preguntarle: Y cuando usted, compañero Presidente,
fue a hacerse operar en Cuba ¿no se preguntó cómo se explica que en ese
país, castigado con un cerco económico nunca visto en la historia, pueda haber
un servicio de salud realmente universal, totalmente gratuito y de primera
calidad? ¿No fue suficiente información su propia experiencia? No, compañeros del Gobierno, no es cuestión de información, es cuestión de visión política (y humana, la política sin humanidad es politiquería), es cosa de entender que la salud de la población debe ser la más alta prioridad del Estado (más que la educación, ya que a la persona gravemente enferma de nada le
sirve ni el bachillerato ni tener un doctorado).

Sin embargo en la Bolivia de este prometedor proceso de cambio las prioridades son otras: ahí están los fastuosos palacios y casas del pueblo, ahí los aeropuertos que no se usan, ahí los centenares de canchas con pasto sintético, ahí el rally París-Dakar, ahí los costosos viajes de nuestros gobernantes, y ahora los millones que van a costar esas elecciones “primarias” (caras y copiadas de los yankys).

Y ahora el Presidente, ya mejor informado, nos habla por una parte de hacer que los servicios de salud dependan directamente del Gobierno central (y no de los SEDES de las gobernaciones, como si el Gobierno central fuera garantía de eficiencia); pero bueno, esto resulta secundario. Lo grave es que nos promete construir nada menos que ¡¡49 hospitales oncológicos!! Al respecto Jackeline Reyes, médica y ex autoridad gubernamental de salud, nos hace saber que para semejante plan no hay ni recursos económicos ni especialistas de salud; y que además —para el caso del cáncer— bastaría 2 oncológicos nuevos y ampliar el de Santa Cruz (y para el resto del servicio dar utilidad a los elefantes blancos que no funcionan); y que en cambio no se está teniendo en cuenta la necesidad de 1.800 items de salud sólo para Cochabamba. Y añade que no necesitamos hospitales de cuarto nivel (la última promesa). No pretendo afirmar que la opinión de Jackeline Reyes se infalible, pero sí que por lo menos se la debe tener en cuenta.

Por lo demás nuestro Presidente (y sus autoridades del Ministerio de Salud) deberían tomarse la molestia de leer las reflexiones de Bruno Rojas, investigador del CEDLA, cuando escribe que “el problema del cáncer en el país y el drama que viven miles de bolivianos afectados por esta enfermedad del siglo XXI, tiene que ver con la profunda crisis del sistema de salud, en particular de la salud pública, y con la ausencia de una política nacional de salud integral, equitativa y universal que sea asumida como principal política de Estado”. Y que “el cáncer es un problema de salud pública que en los últimos ocho años aproximadamente mostró un preocupante incremento de casos: en en el período 2011–2016 se registraron 93.282 casos de cáncer, correspondiendo la mayoría a la población femenina (65,4%), lo que arrojaría un promedio anual de 18.656 (14 personas con cáncer se habrían reportado cada día)”.

Y por supuesto el cáncer es un problema de salud, hay muchos otros igual de importantes, que sólo podrán resolverse con un sistema de salud totalmente renovado (y verdaderamente gratuito), y no con promesas inviables —ahí entra la imaginaria construcción de hospitales, mientras en la práctica seguimos gastando la plata en otras cosas— que en el fondo huelen a mera campaña electoral… ¡No pues!

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