Aceptar la muerte

Todos moriremos algún día, es inevitable, y sin embargo muchas veces no somos conscientes de nuestra propia trascendentalidad. Creo que el mero hecho de serlo de vez en cuando nos haría disfrutar más de la vida. Cuando un ser querido nos deja, pasamos por un proceso de duelo. El modelo de la...

Todos moriremos algún día, es inevitable, y sin embargo muchas veces no somos conscientes de nuestra propia trascendentalidad. Creo que el mero hecho de serlo de vez en cuando nos haría disfrutar más de la vida.
Cuando un ser querido nos deja, pasamos por un proceso de duelo. El modelo de la psiquiatra Kübler Ross describe cinco fases en el proceso de duelo: la negación, la ira, negociación, tristeza y aceptación. Este proceso se da también en otro tipo de pérdidas (laborales, rupturas sentimentales, etc.)
Da la sensación de que muchas veces en nuestra sociedad nuestra relación con la muerte está siempre en fase de negación: se oculta, no se habla del tema, nos incomoda, preferimos no pensar en ello… Sin embargo ¡qué importante es ser conscientes de nuestra propia muerte! Aceptarla, normalizarla, vivirla sin angustia: porque no se trata de temer a la muerte, sino de disfrutar de la vida.
Es lógico no querer morir antes de tiempo, el miedo al dolor o a la enfermedad, pero debemos aceptar que algún día moriremos y ser conscientes de ello, verlo como natural, y que esto nos sirva para apreciar más la vida.
Mucha gente pierde el tiempo o lo malgasta como si tuviese tiempo infinito, postergamos temas que consideramos importantes a “mañana” como si fuéramos a vivir para siempre, no cuidamos de nuestra salud, de nuestros afectos, ni de nuestras emociones, hasta que nos arrepentimos de no haberlo hecho antes cuando ya no queda tiempo, o nos acordamos cuando algo malo sucede.
Partir de la aceptación de nuestra propia muerte y la de los demás nos predispone a vivir en consecuencia: a priorizar lo importante y darle peso a lo que realmente merece la pena, a disfrutar de la vida y del tiempo con la gente a la que queremos. La muerte es el final de la vida: y lo importante es que esa vida haya merecido la pena.

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