Hidrocarburos, el informe que no llega
2017 no ha sido el año más fácil para el Ministerio clave del “milagro boliviano”. Empezó con una crisis de tamaño magistral en el que acabó rodando la cabeza del presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) Guillermo Achá junto con la de su vicepresidente y toda...
2017 no ha sido el año más fácil para el Ministerio clave del “milagro boliviano”. Empezó con una crisis de tamaño magistral en el que acabó rodando la cabeza del presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) Guillermo Achá junto con la de su vicepresidente y toda su plana administrativa. Hoy aún guarda detención. El caso, el intento de comprar tres taladros con sobreprecio para Yacimientos, de esos que le darían soberanía y le acercarían a su papel constitucional como dueña y señora de los hidrocarburos del país en todos sus eslabones. El hecho de que el escándalo salte justo en esta adquisición a la empresa italiana duele especialmente a aquellos que habían creído que el cambio era posible y que, en verdad, podía convertirse en una empresa seria, profesional y soberana.El terremoto fue de dimensiones bíblicas, pues a pesar de los intentos por dejar pasar, el caso fue empujado desde la Unidad de Transparencia del Ministerio de Hidrocarburos, que lo llevó hasta la Procuraduría, y los medios más afines a la vicepresidencia, que llevaron la punta en la publicación de exclusivas al respecto. El interés en la caída de Achá encubría una lucha de fondo por el control de la estatal petrolera. Como fuera, Luis Alberto Sánchez acabó haciéndose con el control de la estatal, donde puso a su colaborador Óscar Barriga como nuevo gerente y a él mismo, Ley mediante, como presidente del Directorio. Culminaba así el ministro tarijeño una carrera emprendida hace más de 15 años como trabajador de base en los campos más recónditos del país. Tiempo en el que ha atesorado un gran conocimiento del terreno y sobre todo, del aparato.Como caramelo envenenado, el Vicepresidente Álvaro García Linera dejó dicho en los medios que la certificación de reservas ya se encontraba contratada en el mes de julio, cuando la licitación ni siquiera había sido aprobada en Directorio. Recién en el mes de enero se ha logrado contratar tras dos licitaciones desiertas y no se esperan resultados hasta mitad de año 2018.La certificación es una de las cuestiones que le ha quitado el sueño al Ministro, que con su optimismo y exitismo habitual ha prometido resultados extraordinarios de reposición de reservas consumidas. Según los datos en 2012 había 10,45 Trillones de pies cúbicos en el subsuelo y se ha venido gastando 0,6 aproximadamente al año. Las hemerotecas no dan cuentas de hallazgos de la magnitud suficiente, pero el Ministerio insiste en la idea.Y es que el problema siguen siendo las exploraciones pendientes luego de que se liberara de obligaciones a las empresas transnacionales que vuelven a campar al gusto por el territorio. En el afán de acelerarlo, el Ministro ha pergeñado un plan de incentivos que confisca recursos a los productores, que no ven resultados en ningún momento. Tan complicado ha resultado su explicación que el Ministro ha optado por desaparecer de Tarija. No es fácil explicar que a pesar del rechazo social, se ha adjudicado a Petrobras la exploración de San Telmo y Astilleros, dos campos en el contorno de la Reserva Natural de Tariquía y que ingresan en mínima expresión, pero amenazan en grande, peor es explicar que además se llevarán, si se da el caso, recursos de Tarija.Tampoco es fácil de explicar por qué ha desaparecido de la página de licitaciones la que debía contratar la planta petroquímica de propileno y polipropileno en Yacuiba, una infraestructura clave que iba a permitir dar un salto industrial al Gran Chaco. La licitación fue víctima de la guerra con Achá, pero hasta hoy sigue sin volver a primer plano.Hace muchos meses que el Ministro no se prodiga por Tarija justo cuando hay muchas cosas por explicar. Es bueno que los datos se impongan a las promesas. Y los deseos.


