La crisis de Tarija o como pagar las ocurrencias
Desde que en 2006 se iniciará el boom de las materias primas a nivel mundial, con especial incidencia en los precios de los hidrocarburos, Bolivia en general y Tarija en particular vivió en un bucle, en una vorágine casi orgásmica en la que las diferentes autoridades parecían iban a competir...
Desde que en 2006 se iniciará el boom de las materias primas a nivel mundial, con especial incidencia en los precios de los hidrocarburos, Bolivia en general y Tarija en particular vivió en un bucle, en una vorágine casi orgásmica en la que las diferentes autoridades parecían iban a competir por ver quien lanzaba el proyecto más ocurrente y por supuesto, más caro. El ex Gobernador Mario Cossío huido a Paraguay cuando la Asamblea decidió decir basta a las continuas denuncias de corrupción en diciembre de 2014 dejó a sus espaldas una Villa Olímpica a medio construir, 20 millones de dólares botados en mitad de la nada de lo que pretendía ser una variante en la carretera tradicional al Chaco y otras obras faraónicas de similar estilo. El ex Gobernador Lino Condori lo superó con creces. En su gestión el barril de petróleo llegó a tocar los 120 dólares y día sí y día también se aprobaban proyectos nuevos con recursos de los reformulados, siempre al alza, que la coyuntura permitía. Condori también se aventuró en construcciones de cemento de alto standing, como el Hospital Oncológico o el Materno Infantil, de dimensiones fastuosas y que quien sabe cuándo serán equipados, pero sobre todo desarrolló una estrategia para repartir los presupuestos en trocitos cada vez más pequeños impidiendo cualquier atisbo de “proyecto departamental”. Las subgobernaciones se convirtieron en máquinas de gastar plata. Durante años, para justificar este accionar, el entorno de Lino Condori retó a los críticos a acudir a las provincias para comprobar el volumen de gasto e inversión. Años después y luego de haber recorrido varias veces el departamento entero, en El País seguimos sin verlo.Lino Condori dejó como 8.000 millones de bolivianos comprometidos en obras de todo pelaje, propias o en concurrencia con el Gobierno Central o con los Gobiernos Municipales. El volumen era altamente riesgoso como ya a finales de 2013 denunciaban algunas asambleístas de oposición como Sara Cuevas.En 2014 llegó el desastre. A mitad de gestión el petróleo empezó a derrumbarse, hacia finales el precio del gas ya había perdido más de la mitad de su valor. Y venían elecciones. El Ministro Luis Arce Catacora pidió diferentes actos de fe asegurando que sería coyuntural y que repuntarían rápidamente. El resto apuraba sus licitaciones sin importar un comino si había o no había recursos para financiar las ocurrencias. La Subgobernación de O´Connor llegó a firmar contratos por casi 600 millones de bolivianos en la semana que su ejecutivo iba a renunciar para volverse a presentar, el resto no le fue a la zaga. Todas esas adjudicaciones, festejadas desde el nivel central y autorizadas por el Ministerio sin mayores aspavientos, han supuesto un enorme pasivo para la actual gestión. También para los subgobernadores que repitieron y que se pasaron de ambiciosos.El “crédito puente” que señalaban desde la órbita del MAS, los fideicomisos ofrecidos por el Gobierno Central o el crédito privado priorizado por la Gobernación tienen, o hubieran tenido, un costo financiero, gravoso, que, sin haber participado para nada, pagaremos entre todos los tarijeños.Todos los actores políticos deberían estar de acuerdo en que las deudas contraídas deben pagarse, es un aspecto elemental de nuestra confiabilidad como país y como departamento. Otra cuestión es que todas las ocurrencias comprometidas en forma de obra deban completarse y mantenerse en cartera. La purga de los proyectos/ocurrencias es un aspecto que la Gobernación aborda con excesiva discrecionalidad y que más bien debería transparentarse.Se calcula que la Gobernación empezará a pagar más o menos un millón de dólares al mes como capital e intereses a bancos y al TGN, una cantidad nada despreciable. Este acto gravoso para los intereses de Tarija puede ser inevitable en este momento, pero no puede quedar en el limbo sin identificar a los responsables concretos.


