El otro “proceso de cambio”
No se refiere al modelo económico que más convenga al país. Tampoco toca a las ideas políticas y a la tipificación ideológica del régimen. Ni siquiera tiene que ver con una interpretación profunda y sesuda de las estructuras sociales que constituyen a la “hija predilecta de Libertador...
No se refiere al modelo económico que más convenga al país. Tampoco toca a las ideas políticas y a la tipificación ideológica del régimen. Ni siquiera tiene que ver con una interpretación profunda y sesuda de las estructuras sociales que constituyen a la “hija predilecta de Libertador Bolívar”.No, sobre este “proceso de cambio” se habla poco en serio, más en chiste y por lo general bajo una marcada resignación. Este “proceso de cambio” suele ser parte de algún sermón católico o evangélico protestante, de algún texto de esoterismo, y, a veces ade un curso de superación personal. También suele ser tema de alguna recomendación doctrinal marxista, alguna cita del che o de recuerdo de lo que hizo el che. Pero de eso no pasa. Peor aún, más pronto que tarde los hechos mandan por un tubo todo lo dicho o escuchado.Eso sí, la necesidad de este “proceso de cambio” implica a todos los bolivianos, ahí estamos igualados en mayor o en menor medida. Cambas, collas y chapacos lo precisan por igual. Empresarios y obreros, clases pudientes o clases desposeídas se ven igualmente urgidas de vivirlo. Políticos del oficialismo (¿izquierda?) como de la oposición (¿centro? ¿derecha? ¿quién sabe qué?) han demostrado que igualmente nunca lo consideraron en serio.Diversas noticias surgidas en Tarija esta semana nos volvieron a golpear la cara sobre la necesidad ultraurgente, pero también ultrapostergada ad infinitum, de este “proceso de cambio”. Por ejemplo, nos enteramos que frecuentemente los albañiles prefieren no usar elementos de seguridad cuando trabajan en obras peligrosas. Para colmo, las empresas que los contratan (o sub contratan o sub sub contratan) tampoco les exigen esos elementales requisitos de seguridad. Los lamentos llegan luego, cuando uno dos o más se debaten entre la vida y la muerte con fracturas atroces de columna o cráneo.La falta de este “proceso de cambio” la vemos igual regada de motocicletas chinas en todo el país. No por las motocicletas, sino por conductores que prefieren no utilizar algo tan básico como el casco o deciden cargarlas con tres y hasta cuatro personas. De esos casos, igual, se reportan en El País EN cada día uno o dos o más muertes. Pero la necedad sigue intacta y descontrolada.La ausencia de ese “proceso de cambio” lo vemos hace casi dos meses en la Universidad Juan Misael Saracho. El año pasado la vimos en la San Simón de Cochabamba. Camarillas de dizque docentes, administrativos y dizque estudiantes les arruinan y hasta destrozan el futuro a miles de universitarios. Es una toma sostenida e inmisericorde de uno de los bienes más delicados del país desde hace décadas. Y nadie hace nada. ¡¡¿Acaso no asombra que ahora se esté planificando avanzar un semestre académico en menos de un mes?!! ¡Y sólo porque si no hay semestre, no habrá paga correspondiente! Y tampoco nadie con autoridad hace nada. El Ministerio de Educación ha asumido desde hace años el papel del avestruz en esta materia, si hasta rehuye de las entrevistas. Claro es otra actitud que forma parte de ese no-proceso de cambio.Sí. Urge, hace mucho, pero mucho, un PROCESO DE CAMBIO que implique la idiosincrasia que ha inculcado sus anti valores en la ciudadanía boliviana. Corrupción, irresponsabilidad, negligencia, desidia compulsiva, impuntualidad habitual, alcoholismo extendido y un largo etcétera marcan eso en esta torturada Patria. Y los bolivianos bien sabemos que si no damos sólidos pasos para transformarla no habrá bonanza económica, ni milagro, ni magia que pueda transformar nuestro destino.


