El miedo que manda
Y no usamos estas líneas para hablar únicamente del poder político sino de aquellos grupos, clanes, instituciones y personas que usan este mecanismo para asustar y lograr su cometido. El miedo está en todas partes y su existencia ha perpetuado grandes cánceres para la sociedad. Uno de...
Y no usamos estas líneas para hablar únicamente del poder político sino de aquellos grupos, clanes, instituciones y personas que usan este mecanismo para asustar y lograr su cometido. El miedo está en todas partes y su existencia ha perpetuado grandes cánceres para la sociedad. Uno de ellos es sin duda la trata y tráfico de personas, delito comandado por mafias que usan el terror como principal arma de coerción. En Tarija, y según registro de la Fiscalía, ya se han contabilizado desde el año 2012 al 2014 más de 56 casos de trata; sin embargo en ninguno de ellos se ha llegado a enjuiciar a los tratantes. Los casos se encuentran disfrazados por un simple sentimiento: EL MIEDO. Y no lo decimos sólo nosotros sino que fue la misma representante de Trata y Tráfico de Personas en el departamento, Martha Pérez, quien aseguró que estos casos no se denuncian “por miedo a las amenazas de los tratantes”.Sin ir muy lejos, hace menos de un año -febrero de 2015- en la región de Bermejo se denunciaron casos de trata y tráfico de órganos, tal atención se le dio al principio que el entonces ministro de Gobierno, Hugo Moldiz, arribó a la tierra dulce para conocer los detalles. Empero, poco tiempo después y cuando El País eN quiso informar sobre los avances en la investigación, la Policía de ese municipio señaló que eran casos aislados y que no se había comprobado nada. La misma Representante de Trata y Tráfico reconoció que hay gente que no quiere hablar de esto.Pero un caso icónico de esta cadena de crímenes y miedo, sucedió hace algunos años en Tarija con una muchacha que era de La Paz. Sobre ella se publicó en los medios de prensa que “la joven se había suicidado por motivos pasionales”, pero ¿cuál era el fondo?… Sí sabemos la realidad, esa mujer era víctima de trata y tráfico en El Alto y ella había huido ya varias veces de esto; sin embargo una red grande, una mafia de trata la encontraban donde iba. La muchacha no sintió protección de la ley y fue entonces cuando decidió quitarse la vida. Pero ¿en que quedó toda su dramática historia? En eso… en una simple decisión autónoma de suicidarse. No se juzgaron a los tratantes y sobre el caso no se investigó más.Un poco más allá, otra muestra del miedo sucede en el municipio de Villa Montes, donde se tienen registradas cinco denuncias de desaparición de adolescentes entre febrero y marzo de 2015. La Defensoría del Pueblo en Tarija reportó la existencia de una organización delictiva dedicada a la trata y tráfico de personas.Pero días después el comandante de Frontera Policial de Villa Montes refirió que se logró recuperar a dos adolescentes desaparecidas; sin embargo, no aclaró si se trataba de casos de trata. A esta lista agregamos a la joven Zarlet, otro caso emblemático. Ella desapareció y su madre contrató expertos chilenos, quienes estaban acercándose a estas mafias. Empero, a la semana siguiente se mostró por televisión cómo los fiscales entraron a su casa a investigar como sí la familia fuera cómplice de la desaparición. Sobre el caso ya nadie quiso hablar. Añadido a este panorama y como apunte están las personas que son llevadas con engaños a Argentina, donde trabajan como ilegales, impidiéndoles regularizar sus papeles y tratándolos como animales. ¿Qué se hace al respecto? Se realizaron únicamente allanamientos a los lugares, donde emplean a los bolivianos y se les preguntó si querían retornar a su país. Algunos lo lograron. ¿Pero por qué no se juzga a esa cadena de empleadores y contactos que operan para efectuar trata y tráfico? Ésta fue una pregunta que quedó en el aire hasta que una veintena de migrantes bolivianos salieron a las calles en protesta de que las grandes marcas de ropa en Argentina no eran investigadas ni sancionadas por este delito debido a su poder económico. Finalmente… es cierto que se han multiplicado, las redes y las unidades de lucha contra la trata y tráfico de personas, pero si éstas no van de la mano con el trabajo de la justicia y no tienen la valentía que se requiere, poco o nada se puede hacer. “Sucede que hacemos prevención pero ¿qué pasa con los casos que ya hay? Si no llegamos a juzgar a los tratantes”, lamentó Pérez. En resumen queda claro que por ahora el miedo manda... Qué pena que sea el tiempo del miedo y que vivamos en una sociedad, cuyas autoridades de la justicia le temen a todo. Ojalá dejen de hacerlo y más bien nos den la tranquilidad a nosotros de no tener miedo.


