Marcelo en la memoria
Han sido momentos también para que vuelva a morder, implacable, la pregunta de ¿cómo es posible que transcurra tanto tiempo sin que termine de desnudarse la trama de los asesinatos cometidos el 17 de julio de 1980? En ese mismo plazo otros misterios, más densos y protegidos, como algunos de...
Han sido momentos también para que vuelva a morder, implacable, la pregunta de ¿cómo es posible que transcurra tanto tiempo sin que termine de desnudarse la trama de los asesinatos cometidos el 17 de julio de 1980? En ese mismo plazo otros misterios, más densos y protegidos, como algunos de los principales crímenes de la dictadura argentina, cómplice y financiadora del golpe en nuestro país, han sido revelados y esclarecidos.Aquí, a punto de cumplirse una década de la entronización de un gobierno con credenciales de nacional y popular, no se avanza un milímetro y, más bien, desde la cúpula del Ejecutivo se ha decretado la no existencia de archivos o registros que guarden datos sobre los acontecimientos, pero, curiosamente, se ha hecho frente común, con las tendencias militares más, para bloquear el acceso de los jueces y el cumplimiento de las órdenes judiciales emitidas para verificar la realidad de ese extremo.La causa de que un ejército de raíz y estructura mucho más oligárquica, profesional y, por lo tanto, proclive a la preservación de sus secretos -el de la Argentina- se haya abierto, develando la trama interna de la guerra sucia que trituró a unas 35.000 víctimas en la guerra sucia; mientras en nuestro país, donde la improvisación y las pugnas intestinas institucionales son la constante, y donde se ha dado una sucesión de cambios más profunda y significativa que al Sur de nuestra frontera, sigan ocultas estas cuestiones, sólo puede explicarse por la manera en cómo se articularon y entrecruzan el nuevo y el viejo poder.La impotencia para encontrar los restos de Marcelo y reconstruir sin margen de duda los hechos, señalar precisamente a los autores materiales, a los que dieron las instrucciones y la secuencia en que se aplicaron, depende de que el nuevo poder instituido temió, desde el principio hasta hoy, desentrañar los sucesos, bajo el falso supuesto de que si se atrevía sufriría la insubordinación de la institución castrense.Ese error aberrante ha llevado a una alianza con las expresiones más regresivas, cubriéndolas con una capa de modificaciones superficiales y cosméticas, y ha arrinconado y silenciado a los jefes y oficiales más decididos a romper con el pasado. Es lo mismo que ocurrió con los suboficiales que se atrevieron a creer en la descolonización y que terminaron castigados con toda la severidad, que no se aplica cuando se trata de crímenes dentro de los cuarteles.Sea que se trate de conscriptos u oficiales de baja graduación apaleados, de civiles, como la enfermera muerta por manos de un ejecutor señalado, o de otros similares, el enredo de las investigaciones, la omisión, los olvidos y, lo que es peor, una línea de indulgencia, a título de que la exigencia del cumplimiento de los derechos y garantías de las personas podría obstaculizar la formación marcial y combativa, emanada de la cabeza misma del Gobierno, garantizan que el esclarecimiento de la verdad y aplicación de la justicia queden en permanente suspenso.De esa manera, la impunidad ha quedado instalada en el nacimiento y la evolución del nuevo poder. Por eso no interesa cuántas veces se mencione a Marcelo y se apele a su nombre para nombrar y justificar acciones y comportamientos, porque los compromisos y alianzas que se preservan para mantener ocultos sus despojos torturados y cubrir a sus autores, pesan más que cualquier declaración.Ha pasado el tiempo suficiente para dejar perfectamente claro que no será la voluntad de quienes concentran en sus manos la acumulación de poder, mayor de la que tengamos registro, que permitirá resolver estas cuestiones, sino la exigencia imperativa del pueblo que conserva la memoria de Marcelo como parte de lo mejor de sí mismo.*es investigador y director del Instituto Alternativo.


