El brazo de la ética

es tan necio como destructivo, porque nos lleva a la indiferencia de unos para con otros. Nos invade un desbordante río de inmoralidades que, aparte de hacernos sentir mal, hace que las estructuras sociales caminen hacia el derrumbe. Si la honestidad pierde la centralidad de nuestros quehaceres...

es tan necio como destructivo, porque nos lleva a la indiferencia de unos para con otros. Nos invade un desbordante río de inmoralidades que, aparte de hacernos sentir mal, hace que las estructuras sociales caminen hacia el derrumbe. Si la honestidad pierde la centralidad de nuestros quehaceres cotidianos, va a ser bastante complicado recobrar una recta conciencia crítica como regla de nuestros hábitos. Pienso, por consiguiente, que debemos recuperar y hacer recuperar al ciudadano de hoy la capacidad por el entusiasmo. La ceguera ética es tan fuerte en la sociedad actual que todo se confunde. La misma economía se mide por el máximo beneficio, sin apenas moral alguna. Igual sucede con la política, se mide por los máximos votos. En lugar del bien de todos, se busca el bien de los adictos al partido. El favoritismo lo hemos convertido en un lenguaje cotidiano. Creo, además, que somos excesivamente autocomplacientes y pensamos que ya no tenemos más ideales por los que luchar. Nada nos desvela. El ideal de construir un orden mundial más justo basado en la solidaridad lo hemos dado por perdido.


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