En algún lugar… Los motivos y los límites
José SaramagoEn algún lugar del planeta, por el juego veleidoso del destino, se imponen dogmas y fronteras para distinguir a la humanidad; y así, en una confrontación perpetua, se exterminan los vestigios de la condición humana…Desde la oscuridad de los tiempos los hombres han erigido las...
José SaramagoEn algún lugar del planeta, por el juego veleidoso del destino, se imponen dogmas y fronteras para distinguir a la humanidad; y así, en una confrontación perpetua, se exterminan los vestigios de la condición humana…Desde la oscuridad de los tiempos los hombres han erigido las fronteras que surcan el mundo dividiéndolo en hemisferios contrarios e irreconciliables, entornos excluyentes donde se condenan y castigan las diferencias. Se han registrado mil y un causas en la legendaria confrontación entre los hombres y los pueblos. Cuando el estado se erigió en dogma se trazaron los límites entre el entorno de la civilización y el agreste páramo de la barbarie; y cuando el dogma se erigió en un estado terrenal se impusieron los motivos para alejar el cielo del suelo y señalar a los paganos.Porque si algo distingue a la especie humana es su obstinación por distinguirse: cazadores y recolectores, libres y esclavos, paganos y cristianos, burgueses y proletarios, y sea cual fuere el motivo, las elites en el poder dedican gran parte de sus recursos a delimitar y custodiar sus fronteras. El muro de Berlín se erigió de la noche a la mañana para separar el hemisferio socialista del capitalista y veinticinco años después de su caída, los globos de luz en los festejos no ocultan lo evidente: que el lucro se erige como el dogma global, que persiste el flagelo de los fanatismos, del nacionalismo y de los muros fronterizos.La imponente frontera en el norte de México aleja el sueño americano; la barrera entre Israel y Cisjordania legitima la apropiación ilegal del territorio; las 99 líneas en Belfast separan a los católicos y protestantes; la zona desmilitarizada entre las dos Coreas tuvo un costo de tres millones de víctimas; Arabia Saudita custodia la frontera en Anbar para contener el avance del Estado Islámico; la muralla en el Sahara Occidental impide a los saharauis el acceso al desierto marroquí; el muro de Chipre divide a los griegos de los turcos; vallas de alambres, minas terrestres y alta tecnología configuran la línea de control en Cachemira, entre Pakistán e Irak; el cerco electrificado en Uzbekistán impide la incursión de los militantes radicales islámicos.Y así, persiste la aberrante obsesión por condenar las diferencias entre los estados o entre los ciudadanos. La exacerbación de las fronteras intangibles erigidas por los dogmas, sean cuales fueren, imponen un sendero retrógrada y el juego veleidoso del destino perpetúa la confrontación donde el vencedor extermina los vestigios de la condición humana…* Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm


