Difícil de analizar

En alguna oportunidad, alguien dijo que se podría cambiar el nombre de Brasil por el de Belindia, haciendo un juego de palabras con Bel de Bélgica e India, puesto que en el gigante brasilero coinciden características de ambos países.Brasil tiene regiones de notable desarrollo, con fuerte...

En alguna oportunidad, alguien dijo que se podría cambiar el nombre de Brasil por el de Belindia, haciendo un juego de palabras con Bel de Bélgica e India, puesto que en el gigante brasilero coinciden características de ambos países.Brasil tiene regiones de notable desarrollo, con fuerte eurocentrismo, como los localizados en los alrededores de Sao Paulo, pero tiene también, en el noreste, regiones con tanta pobreza como las más depauperadas de la India, en lo que se conoce como “sartaos”Ese contraste interno se refleja, necesariamente, en las acciones del gobierno, tanto para asuntos internos, como en los que tienen efecto internacional, porque Brasil es uno de los socios grandes de los proyectos de integración  continental como Mercosur y UNASUR. En un comentario que fue publicado antes de la segunda vuelta electoral, pero cuando ya se sabía que el rival de Dilma sería Aécio Neves, el respetado analista Atilio Borón decía sobre Aécio Neves lo siguiente:Furibundo antichavista, más aún que Marina Silva, “Neves es de quienes creen que Brasil muy poco o nada tiene que hacer en América Latina” y esa su postura es compartida por fuertes grupos de notable poder económico en Brasil.Recordamos que en la campaña electoral intervino inclusive un conocido banco, que recomendó a sus clientes no votar por Dilma Rousseff, el banco (su nombre no es relevante) intentó luego dar explicaciones, pero resultaron poco verosímiles.En el comentario ya mencionado de Atilio Borón, se alude también  a que actualmente Brasil “Por algo es el país sudamericano más cercado por bases militares estadounidenses” y alude también al “antichavismo de Aécio Neves”, que probablemente es compartido por grupos oligárquicos.Por todas estas razones y seguramente que muchas otras, las elecciones en Brasil y sus resultados no deben provocar entusiasmo automático, sino reflexiones críticas, porque es imposible separar el destino brasilero del de los demás países de nuestra región.Una idea central es que Dilma Rousseff tendrá que diferenciarse profundizando las reformas que pongan fin a la intolerable desigualdad económica y social del Brasil, además debería frenar los estragos del agronegocio y la depredación medioambiental.Si hacer un análisis crítico medianamente inteligente de lo que se avecina para nuestro enorme vecino es difícil, no hace falta decir que gobernarlo con buen tino será muchísimo más complicado y que lo único que se puede hacer desde nuestro lado es esperar buenos resultados.Es ocioso a esta altura decir que también existirán fuerzas todavía importantes tratando de hacer exactamente lo contrario, o sea intentando que Brasil y su protagonismo para lograr la anhelada integración sudamericana, fracasen.Tendremos que estar pendientes para detectar esas situaciones de riesgo, para estimular acciones nuestras cuando corresponda hacerlo, como en la Cumbre de UNASUR, anunciada para diciembre próximo.


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