El futuro del campo

Fue muy interesante escuchar de Carlos Villamil Chaux, ex gerente general del Incora en el año de 1969, decir que lo que se está pactando hoy en los diálogos de La Habana fue lo que trató de hacer en su tiempo el Presidente Carlos Lleras Restrepo, cuando con verdadera voluntad política...

Fue muy interesante escuchar de Carlos Villamil Chaux, ex gerente general del Incora en el año de 1969, decir que lo que se está pactando hoy en los diálogos de La Habana fue lo que trató de hacer en su tiempo el Presidente Carlos Lleras Restrepo, cuando con verdadera voluntad política impulsó su programa de Reforma Agraria, antes de que la fuerza de los terratenientes la hundiera en el famoso pacto de Chicoral, que puso fin, en muy mal momento a estos esfuerzos reformistas. Rudolf Hommes conocido analista económico y ex ministro de Hacienda expresó: ya es hora de resarcir al sector rural y a los campesinos de Colombia por el abandono, la violencia y la exclusión en que el establecimiento los ha mantenido, estamos demorados en cubrir la deuda social que tenemos con ellos. Lo que se está haciendo ahora en los diálogos con la insurgencia, debimos haberlo hecho en el año de 1955. No solo es tierra lo que se debe entregar a los campesinos, que si bien mejoraría los efectos redistributivos del campo, es además urgente, contribuir a la productividad y para ello solicitó un paquete de acciones que debe incluir: educación, créditos, asistencia técnica, salud, comercialización y transporte, todo esto en el contexto de una estructurada Reforma Agraria. Planteó además: Si la sociedad colombiana no es capaz de superar el sistema clientelista existente, el que es corrupto desde su base y construir una verdadera democracia participativa y participante, donde las decisiones en el campo se tomen con criterios y base comunitaria, no nos va a ser posible superar las graves falencias, de exclusión y miseria que son arrastradas por la sociedad colombiana desde los siglos pasados.Ana María Ibáñez expresó su preocupación por la tendencia marcada a la alta concentración de la tierra: el 1% de la población es poseedora del 40% del total de las hectáreas y el 2% lo es del 80% del total de hectáreas cultivables en nuestro país. Esta concentración es mayor en los valles de los grandes ríos y en las tres cordilleras de los Andes. La informalidad en que se encuentran los derechos de propiedad rural, ha facilitado el despojo de tierras por las bandas criminales, de las cuales 2.1 millones de hectáreas no se podrán recuperar. Además, 21 millones de hectáreas están mal usadas en Colombia y 7.3 millones de hectáreas aptas para la agricultura no son cultivadas ni explotadas en el momento actual. Fue taxativa y clara al decir: dar solo tierra a los campesinos no los sacará de la pobreza, es necesario un esfuerzo integral que incluya todos los factores que inciden en el económico, técnico, cultural, político y social. Es preocupante el grado de desnutrición que presentan los niños campesinos en zonas rurales de franca miseria. Se refirió a un estudio realizado por la Universidad de los Andes, donde los niños rurales están por debajo en habilidades cognitivas en relación con los niños urbanos. Al terminar el foro me asaltaron dos recuerdos: Uno, el de Hans Blumenthal ex Director de Fescol, quien al dejar su cargo dijo, para Colombia es urgente hacer la Reforma Agraria que debió haberla hecho décadas atrás. El otro es el recuerdo del sociólogo y capellán de la Universidad Nacional de Colombia, Camilo Torres Restrepo quien desde el Frente Unido, su movimiento político pidió hace 48 años una Reforma Agraria Integral, propósito que se está logrando hoy en los diálogos de La Habana. Es nuestra esperanza que una vez diseñada, estructurada la soñada y anhelada Reforma Agraria, la institucionalidad del país con el apoyo de toda la sociedad colombiana, se haga presente con la vocación y la fuerza necesaria para lograr su implementación en todos los ámbitos que la misma demanda y de este modo, poder ver un día un campo en paz, un agro en un proceso claro, seguro de crecimiento y desarrollo, que le permita a los campesinos con gusto, alegría y tranquilidad entregar sus mejores esfuerzos a sembrar agua, proteger la frontera agrícola para la conservación de los bosques que nos purificará el aire y a la construcción de la despensa de alimentos que requieren los centros urbanos.Ex Embajador de Colombia. Director Programa Paz de la Universidad Pedagógica Nacional


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