Reflexiones desde el Cursillo El Profeta
El profeta es el que anuncia la palabra de Dios, es el que denuncia toda injusticia, es la voz del que grita la verdad, es el que revela.El profeta es la sal y la luz del mundo, el que nos despierta de nuestra indolencia, nos sacude con sus verdades, nos hace conscientes de nuestras...
El profeta es el que anuncia la palabra de Dios, es el que denuncia toda injusticia, es la voz del que grita la verdad, es el que revela.El profeta es la sal y la luz del mundo, el que nos despierta de nuestra indolencia, nos sacude con sus verdades, nos hace conscientes de nuestras responsabilidades, es el que nos descubre nuestros crímenes más secretos.El profeta nos presenta la imagen del hombre que queremos ser, pero que no tenemos el coraje de serlo.El agita las aguas de nuestra vida para que no se estanquen y así reaccionemos y cambiemos de rumbos si es que estamos equivocados.Todos los bautizados estamos llamados a ser profetas, por eso Cristo nos dijo: “Vosotros sois la sal y la luz del mundo”.Hacia el profeta se siente una inexplicable simpatía y antipatía al mismo tiempo, porque siempre han resultado incómodos para los que explotamos, engañamos, mentimos, para los que nos hemos olvidado de lo que es la moral, el respeto, el pudor y por eso sentimos la tentación de hacerlo callar.Los profetas siempre han sido una piedra en el camino para todos los sistemas del mundo y también para los de hoy.Pero si todos tenemos un poco de temor al profeta, es indudable que los que más lo temen son los poderosos, los tiranos, los “puros”…, por eso los profetas han tenido un final poco agradable o trágico.Cristo que era mas que un profeta, tenía lógicamente que morir asesinado por milagro no acabaron antes con el.Los profetas han sido siempre perseguidos, a Juan Bautista lo decapitaron, todos los apóstoles fueron martirizados, los primeros cristianos fueron profetas por eso fueron mártires.Los profetas modernos acaban fusilados, torturados, encarcelados.Hoy los profetas siguen anunciando y denunciando, aunque no nos guste, aunque los ignoremos o nos burlemos de ellos.Aunque gritemos que tenemos sed de verdad, lo cierto es que a la verdad le tememos, por eso la palabra de Dios que es siempre profecía, nos resulta incómoda y si es aplicada a nuestra existencia, a nuestra manera de vivir, nos resulta insoportable.Todo gesto de la Iglesia, de su magisterio, de su pastoral, tendrá que tener como puente de lanza la profecía, porque si llegase a faltar, tendríamos que preguntar si no nos encontramos frente a la no iglesia, al no Cristo, a la no palabra de vida.Toda palabra, todo gesto, toda realidad profética será siempre un choque contra los adormilados, los indiferentes, los poderosos.El profeta no será aceptado nunca plenamente, su misión será puesta en duda por quien tiene el poder y por quién tiene pocas ganas de convertirse.El profeta, signo continuo de contradicción permanece con una profunda alegría en su interior, por ser portador de la palabra verdadera.Los verdaderos profetas son los que no se detienen aunque causen escándalo, aunque sean signos de contradicción para los poderosos, son los que no se cierran a la búsqueda de la verdad, al impulso de la conversión profunda, sin detenerse a costa de dar la propia vida.Sin profetas muere la esperanza porque ellos mantienen viva la esperanza de toda justicia.


