Reflexiones desde el cursillo: El individualismo

El individualismo no es otra cosa más que un producto del egoísmo, es poner toda nuestra capacidad, nuestra atención, nuestro esfuerzo, en buscar nuestro propio beneficio, olvidándonos de nuestra sociedad, de nuestra familia.Si aceptamos el programa de vida que nos propone El Maestro, cuya...

El individualismo no es otra cosa más que un producto del egoísmo, es poner toda nuestra capacidad, nuestra atención, nuestro esfuerzo, en buscar nuestro propio beneficio, olvidándonos de nuestra sociedad, de nuestra familia.Si aceptamos el programa de vida que nos propone El Maestro, cuya base es el amor, no daríamos lugar a esa nube negra que es el individualismo que se cierne sobre los hombres y crea distanciamientos aún dentro de cada familia.El fruto de este amor es la solidaridad, lo que a cada paso del evangelio, de mil formas nos pide Jesús de Nazareth, compartir, ayudar, apoyar, darse a sí mismo, dar de su tiempo, dar cariño, consuelo, consejo, es decir extender las manos del alma y del cuerpo. Esta es la caridad cristiana que da lugar a la solidaridad del evangelio.El papa Juan Pablo II, decía que la ruptura entre generaciones será uno de los problemas más graves en las sociedades del futuro, cuya causa es el individualismo.El santo padre, nos indica que la familia ocupaba el primer lugar dentro de una solidaridad intergeneracional. En la solidaridad del matrimonio, los esposos se comprometían a asistirse mutuamente a lo largo de la vida, en la prosperidad y en la adversidad.Hoy los matrimonios, en la mayoría de los casos, cada uno busca su propio bienestar, de ahí nace una ruptura casi imperceptible pero que a medida que pasa el tiempo se va abriendo la brecha que marca el individualismo que divide y destruye todo sentimiento de unidad, confianza y apoyo que debe existir en toda familia que debe estar asentada en una base sólida que es el amor.La familia como origen y fundamento de la sociedad, tiene un papel insustituible en la construcción de una sociedad intergeneracional.No hay una edad en la que uno deja de ser padre o madre, hijo o hija.  Tenemos una responsabilidad especial, no sólo ante los que les hemos dado el don de la vida, sino también ante aquellos de los que hemos recibido ese don.Por eso es importante la solidaridad en la pareja que después se extenderá a los hijos, cuya educación exige un lazo fuerte y duradero.Esto llevará después a la solidaridad y a la responsabilidad de los hijos ya maduros hacia los padres de edad avanzada.Pero ocurre que en muchas áreas se ha dado una debilitación del lazo matrimonial, que es percibida con frecuencia como un simple contrato entre dos individuos; las presiones de la sociedad de consumo, llevan muchas veces a las familias a distraer su interés y atención de la familia y su atención e interés se centra en sus lugares de trabajo o en una amplia gama de actividades sociales.En ocasiones los niños son percibidos como un obstáculo para la realización personal de los padres, muchos padres han descuidado a sus hijos en la educación y sobretodo en el darse a ellos con ese testimonio de cariño y protección necesarios; de ahí nace muchas veces que algunos hijos ya maduros dejen al estado o a la sociedad, la atención de los padres ya ancianos, hoy existe una gran tendencia de los hijos a alejarse de sus padres y a delegar a otras personas la natural obligación y el mandamiento divino de honrar padre y madre.Nos impacta la situación precaria de muchos ancianos sin recursos o con jubilaciones insuficientes, algunos sufren enfermedades físicas, mientras que otros ya no se sienten útiles o sienten vergüenza por el hecho de que necesitan una atención especial o simplemente se sienten abandonados.


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