Reflexiones desde el Cursillo: Conversión
Es necesario reflexionar sobre las palabras del Señor cuando nos dice: “Yo les digo que cualquiera que se enoje con su hermano lo juzgará la junta Suprema y el que injurie gravemente a su hermano, será merecedor del fuego del infierno” (Mt. 5-22).Muchas veces, guardamos resentimiento con...
Es necesario reflexionar sobre las palabras del Señor cuando nos dice: “Yo les digo que cualquiera que se enoje con su hermano lo juzgará la junta Suprema y el que injurie gravemente a su hermano, será merecedor del fuego del infierno” (Mt. 5-22).Muchas veces, guardamos resentimiento con alguna persona, rencor, deseos de venganza, porque nos duele la actitud de nuestros familiares, amigos o compañeros de trabajo que nos han hecho algún daño, es natural una reacción, pero estos sentimientos negativos, deben desaparecer, no pueden ni deben durar, porque nos enferma el alma debemos perdonar, así como El Señor nos perdona a nosotros.Debemos esforzarnos para no caer en el resentimiento porque es la puerta de entrada para la envidia, la calumnia y la maledicencia.Tratemos de olvidar de perdonar y nos sentiremos libres de cargo de conciencia y la paz vendrá a nosotros.Las palabras de Jesús son verdaderas y eternas y El es fiel a su palabra, estas palabras son duras y creo que a nadie le gustará ser merecedor del fuego del infierno o sea de vernos privados de su presencia, ya no gozaríamos de la luz, el infierno es la oscuridad, la angustia, la sed que no se calma, porque falta el agua viva, la desesperación, porque es la falta de paz. Hemos sido creados por Dios, somos de El y sin El estamos muertos.El Señor nos pide cumplir con su ley, que es la ley del amor, nos pide comprender, perdonar, amar, para el que ama el camino y la ley divina es amplio y agradable, porque se goza de la amistad y de la presencia del Amado.Si nos acercamos al Señor, si nos consideramos hijos fieles y guardamos en el fondo de nuestro corazón, resentimiento, envidia o cualquier sentimiento negativo, entonces no podemos acercarnos al altar de Dios, porque estamos pisoteando sus palabras, su ley; si aborrecemos a nuestro prójimo, si no sabemos perdonar, en vano nuestras oraciones, vía crucis, todo acto de piedad será recibido por El Señor, será válido, si aceptamos su palabra, si somos hijos obedientes si no hay contradicción entre lo que hacemos con lo que sentimos; debemos ser coherentes y amar, perdonar, comprender, como Dios nos ama, nos comprende y nos perdona.Si tenemos algo en contra de alguien, saquémoslo a la luz, que no quede oculto dentro de nosotros, que no se adormezca nuestra conciencia, no doremos la píldora, no echemos la culpa al otro, seamos sinceros con nosotros mismos.El Señor penetra nuestros corazones, no lo podemos engañar, por eso no nos engañemos a nosotros mismos, descubramos la viga que llevamos.Mantengámonos libres de todo mal sentimiento y amemos la verdad.¿Sabes a quién amas, cuando amas de verdad a tu hermano?, a aquél que dijo: “Lo que hicisteis a uno de mis hermanos más pequeños a mi me lo hicisteis” (Mt. 25-40). No olvidemos que el examen del juicio final va versar sobre el amor.Centuplicando tu caridad, centuplicas tu recompensa.Siempre tengamos presente de que Dios nos ama como a hijos; quisiera vernos sentado en torno a una misma mesa. El quiere santificarnos para glorificarnos, para que vivamos eternamente de su felicidad sin fin.Si El que es el Padre de todos, somos todos hermanos en El y como hermanos, es grato hacer los caminos en compañía, unidos, entrañablemente juntos, así si uno cae o enferma, habrá muchas manos samaritanas para levantarlo y curarlo.Todos debemos perdonarnos, ser solidarios en la salvación de los hermanos.Porque somos todos iglesia, asamblea, familia, comunidad.Comencemos a caminar por las vías de la conversión, perdonando y comprendiendo a nuestros hermanos.


