No debe quedar impune

No se trata, solamente, de que se hayan perdido millones de dólares que habían sido donados por los holandeses, sino de los perjuicios que todos hemos tenido a lo largo de estos ocho años que han transcurrido desde cuando se ofreció construir la planta para el tratamiento de esas aguas.Un...

No se trata, solamente, de que se hayan perdido millones de dólares que habían sido donados por los holandeses, sino de los perjuicios que todos hemos tenido a lo largo de estos ocho años que han transcurrido desde cuando se ofreció construir la planta para el tratamiento de esas aguas.Un perjuicio que aumenta cada día y que ya es irreversible, es decir, ya no tiene remedio, aunque se sancione a los respónsables (“irresponsables” es mejor llamarlo)s y esa irresponsabilidad no debería quedar impune.Una planta para el tratamiento de las aguas servidas no es solamente una obra pública de utilidad incuestionable, esas aguas que quedaron sin tratamiento se vuelven un peligro para la salud de la comunidad y frenan el potencial crecimiento de su economía, de la industria, por ejemplo.Todo eso se sabe y se ha repetido en los largos ocho años que la planta tiene como “proyecto que no se cumple”. Se ha creado comisiones, oficinas especializadas y hasta una “Unidad Técnica Ejecutora de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales”, pero todo acaba en frustración.Los cálculos que se han mencionado hasta el cansancio siguen haciendo referencia a la donación holandesa, de la cual se ha dicho también, varias veces, que el incumplimiento de la obra puede hacer perder y eso mismo se está repitiendo ahora, por enésima vez.La planta originalmente tenía un costo aproximado de 35.4 millones de dólares, de los cuales 12 y pico millones tendrían que haber sido donados por la Cooperación Holandesa, que a la fecha ya se han reducido por incumplimiento.Incumplimiento de secretarios, de contralores, de fiscales y hasta de gobernadores, porque este proyecto que nunca se va a convertir en una obra real, está a cargo del gobierno departamental, que en estos ocho años ha cambiado de manos.Pero, como decíamos, no solamente esos millones de cada vez más devaluados dólares los que más nos preocupan, sino el “costo de oportunidad” de no haber hecho algo que hace tiempo que ya debía estar en servicio.Como cualquier economista sabe, esos costos de oportunidad se pueden calcular con precisión y en el caso de la planta de tratamiento de aguas residuales para Tarija deben ser, a esta altura de la historia, elevadísimos.Está, además del altísimo costo financiero, el prestigio, en este caso del departamento, que ya es irrecuperable y es lo primero que se menciona cuando de ejecutar obras se trata.El tema está nuevamente en el orden del día y nos imaginamos que a esta hora debe tener a vecinos, dirigentes cívicos y funcionarios de gobierno enfrascados en esas discusiones que ya conocemos, interminables y estériles.Para que “todo quede en nada”, es decir, impune. Sería injusto y absurdo.


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