Ucrania y Crimea: Sin opciones a la vista
Las tropas rusas no entraron ahora en Crimea sino que lo hicieron hace más de doscientos años, en 1783, cuando ocuparon la península habitada por los tártaros como parte del botín por la victoria sobre el Imperio otomano. Entre 1854 y 1856 fue escenario de la Guerra de Crimea, en la cual...
Las tropas rusas no entraron ahora en Crimea sino que lo hicieron hace más de doscientos años, en 1783, cuando ocuparon la península habitada por los tártaros como parte del botín por la victoria sobre el Imperio otomano. Entre 1854 y 1856 fue escenario de la Guerra de Crimea, en la cual Rusia fue derrotada y, con la Revolución Bolchevique, llegó la liberación.La Revolución leninista no anexó Crimea a Rusia sino que fundó allí la República Autónoma de los Tártaros que en 1922 formó parte de la Unión Soviética. En 1945, en una de las raras ocasiones en que una nacionalidad entera es acusada de traición, se ordenó la expulsión de los tártaros que la revolución había reivindicado. Como parte de aquel proceso, en 1954, el Soviet Supremo de la URSS anexó la península a Ucrania.El actual diferendo ruso-ucraniano por Crimea no es nacional, sino geopolítico, y comenzó en 1991, cuando la Unión Soviética dejó de existir y Ucrania obtuvo la independencia. En 1992 un decreto ilegitimo de la Duma Rusa anuló otro igualmente fallido del Soviet Supremo de la URSS, que en 1954 transfirió Crimea a Ucrania. En esa misma época ambos países polemizaron por la posesión y el mando de la Flota del Mar Negro y el arsenal nuclear ucraniano.En 1994 Ucrania traspasó el arsenal nuclear heredado de la Unión Soviética, y en 1995 la Flota del Mar Negro fue dividida, 80 % para Rusia y 20 % para Ucrania, que arrendó la base naval de Sebastopol por 20 años, contrato que se extendió hasta el 2042, prorrogable cada cinco años.Por esa época, Rusia, la Unión Europea, la OTAN, el FMI y Estados Unidos, cortejaban a Ucrania que, pragmática, se dejaba querer y negociaba con todas las partes en busca del financiamiento que le permitiría cubrir los costos y las dilapidaciones provocadas por la independencia.En el caos entronizado por el derrumbe del socialismo y la restauración capitalista en Rusia y demás espacios ex soviéticos, el oportunismo y la corrupción, en una escala nunca antes vista, se propagaron propiciando el saqueo de las enormes riquezas de la Unión Soviética y de las ex repúblicas convertidas en nuevos estados. De dónde sino surgieron los millonarios rusos, ucranianos y de otros lugares.Esa dinámica, y no ninguna preocupación por una u otra nacionalidad o algún sector popular, explican la crisis actual de cuyo desenlace, al menos a corto plazo, no surgirá una Ucrania más democrática y próspera, ni una Crimea más libre y solvente, sino tal vez todo lo contrario. Una vez más las opciones no son alentadoras. Allá nos vemos.


