Calentamiento global

Entristece ver en la primera página de un periódico una fotografía de las monumentales Cataratas del Iguazú, convertidas en unas escuálidas corrientes de agua, que pronto ya tendrán inclusive que cambiar de nombre, si el proceso sigue así.Ahora imaginemos estar en El Alto de La Paz, en el...

Entristece ver en la primera página de un periódico una fotografía de las monumentales Cataratas del Iguazú, convertidas en unas escuálidas corrientes de agua, que pronto ya tendrán inclusive que cambiar de nombre, si el proceso sigue así.Ahora imaginemos estar en El Alto de La Paz, en el lugar que llamamos “La Ceja” y busquemos esa casi indescriptible imagen del Illimani, el monte nevado hasta ahora emblemático de la ciudad y que sólo veamos un bloque rocoso, sin nieve.No es una pesadilla, sino algo que ya está sucediendo, porque varias montañas de la misma región ya no tienen nieve y el caso más preocupante es el de Chacaltaya, donde “existió” un nevado para practicar esquí, o patinaje sobre nieve.  Sin ir hasta allá, aquí mismo, en Tarija, parecería que nos estamos acostumbrando a los centenares  o millares de reses muertas por efecto de sequías cada vez más intensas que ahora alternan con inundaciones catastróficas como la que este año sufren varias regiones del país, especialmente el departamento del Beni.Una forma de interesarnos es adquirir conciencia de que esos bruscos cambios climáticos son, en gran medida, provocados por lo que nosotros le hacemos a “nuestro medio ambiente” muy mentado pero nunca realmente respetado. A finales del siglo XVII  (antes del año 1.800) los humanos empeñamos a utilizar combustibles fósiles que “nuestro planeta  había acumulado en el subsuelo durante su historia geológica que se cuenta en miles de añosLa quema de petróleo, carbón y gas natural ha causado un aumento del anhídrido carbónico (CO2) en la atmósfera terrestre que produce el consiguiente aumento de la temperatura, aunque no sea la única causa, es una de las principales.La intensa deforestación, para sostener agronegocios que ocupan miles y miles de hectáreas antes boscosas, es otra de las causas innegables para los efectos catastróficos que sufrimos, pero como a menudo sucede, nos lamentamos del efecto, pero no nos ocupamos de las causas.Al contrario, técnicas agresivas para explotación de esos combustibles fósiles, (shale gas)como el bombardeo con agua de las rocas de esquisto donde se encuentran se están imponiendo con total impunidad.Finalicemos con lo que comentaba hace algún tiempo Jorge Espinoza Morales, un ingeniero de minas: “Los pésimos resultados de los intentos de alcanzar las tasas fijadas de descarbonización mueven al pesimismo. La situación es clara: en la misma medida en que el hombre continúe la agresión al equilibrio medioambiental, la naturaleza a través de catástrofes restituirá dicho equilibrio, como ya empezó a hacerlo y nosotros a sentirlo”.Pero como ahora estamos apenas comenzando el Carnaval, habrá que esperar a que terminen las fiestas de Momo y que comience la Cuaresma, para reflexionar sobre esto. Y así dejaremos pasar el tiempo año tras año. Hasta que también el tiempo se nos agote.


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