España: Qué triste país

Vergüenza es la palabra que los define a todos. Indignación y sublevación (por ahora ésta contenida) es lo que define el estado de ánimo de la mayoría de quienes lo habitan. Propios y extraños, naturales y naturalizados, autóctonos e inmigrantes, todos a punto de estallar de odio...

Vergüenza es la palabra que los define a todos. Indignación y sublevación (por ahora ésta contenida) es lo que define el estado de ánimo de la mayoría de quienes lo habitan. Propios y extraños, naturales y naturalizados, autóctonos e inmigrantes, todos a punto de estallar de odio concentrado. Nada de santa indignación, nada de cortés y controlada cólera... Los espíritus honestos viven tal desasosiego, que sólo les falta un detonante para hacer que la sociedad entera salte por los aires.La escoria social está llevando a este país, es decir, a este conjunto de naciones obligadas a soportarse entre sí por sus dueños desde hace cinco centurias, lo ha desvalijado a lo largo de diez años. Y como consecuencia de ello, los fundamentos de una sociedad moderna, es decir, sanidad y educación, se han desmoronado porque esa chusma los desguaza poco a poco. La crisis económica, en apariencia llegada de fuera, es una tapadera con la que pretenden justificar los desmanes de miles de individuos que han participado en el festín de miles de millones públicos. La Justicia de los fiscales, con sus falacias y vacuos argumentos, así como la que imparten ciertos magistrados contribuye asquerosamente a solaparlos.Los tribunales todavía vacilan y sueltan a los ladrones o les condena a penas irrisorias por las que ni siquiera entran en presidio, o salen inmediatamente o el indulto les espera. Y a cambio, persiguen a los jueces que se atreven a traspasar la línea roja trazada por el poder casi omnímodo de la escoria institucional. Y a todo esto, sin devolver los procesados inmensas fortunas escondidas en paraísos fiscales o pulverizadas en obras faraónicas fruto de la megalomanía, trufadas de más miles de millones en mordidas y comisiones.Qué triste este país que jamás llega al estado de buena esperanza del autogobierno de algunos territorios ansiada toda su historia por la mayoría de sus gentes. Y más triste todavía tras la dictadura, por el predominio y atroz abuso de la misma casta de hombres y mujeres que ganaron una guerra civil, ahora alistados mayoritariamente en el mismo partido político y algunos también en el otro...


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