Reflexiones desde el Cursillo: Contra la violencia, la paz

En el mundo entero aparecen los signos de creciente deseo de los pueblos y naciones de poner fin a los conflictos y resolver los desacuerdos.La violencia en la que estamos viviendo, nos lleva a pensar de que no es gratuita, la violencia nace dónde vive la injusticia.Sabemos que la violencia...

En el mundo entero aparecen los signos de creciente deseo de los pueblos y naciones de poner fin a los conflictos y resolver los desacuerdos.La violencia en la que estamos viviendo, nos lleva a pensar de que no es gratuita, la violencia nace dónde vive la injusticia.Sabemos que la violencia erradica la paz de la sociedad, sabemos también que la violencia engendra violencia.Cristo es nuestra paz porque El a través de sus enseñanzas nos conduce por el camino hacia la paz, no en vano su saludo era: “La paz sea con vosotros”.Que lejana, que tenue se siente hoy la voz del Maestro; hoy sus palabras se pierden en el estruendo, en el tumulto de la violencia.Pareciera que los sentimientos de impotencia, de frustración, el rencor y el resentimiento han aflorado en quiénes se han sentido sumidos en la incomprensión y en la injusticia.Para que reine la tan ansiada paz es necesario que reine la justicia. Que nadie se sienta marginado, que la justicia sea para todos.Busquemos la paz a través de la justicia, buscando soluciones pacíficas, porque la violencia deja como saldo heridas profundas infringidas a las familias y a pueblos enteros.Los pobres, los desocupados, los jóvenes, los niños de la calle y los ancianos, no son solamente un problema social de desigualdad económica, son sobre todo un problema que interpela a los que tienen en sus manos el destino de los pueblos, a su capacidad para buscar el diálogo y ofrecer un futuro de paz.La iglesia que encarna a “Cristo nuestra paz” deberá edificar la paz entre los hombres, siempre que sea fiel en su misión como mediadora, orientadora y guía, a imitación del Maestro.San Antonio de Padua decía: “La paz es vivir la libertad en tranquilidad”.Escuchemos al Papa Juan Pablo II cuando oraba a la Virgen:“Reina de los apóstoles acepta nuestra prontitud a servir sin reserva la causa de tu Hijo, la causa del evangelio y la causa de la paz, basada sobre la justicia y el amor entre los hombres y entre los pueblos.Reina de la paz salva a las naciones y a los pueblos que tanto confían en Ti, de las guerras, del odio y de la subversión. Todos gobernantes y súbditos aprendan a vivir en paz, se eduquen para la paz, hagan cuanto exige la justicia, y  respeto de los derechos de todo hombre para que se consolide la paz”.


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