Cuba: No se trata sólo de dinero

En 30 años (1959-1991), con asistencia soviética, Cuba realizó una extraordinaria obra de desarrollo económico y social que requirió de inversiones multimillonarias en obras de infraestructura, importación masiva de tecnologías y equipos, formación de especialistas y calificación de mano...

En 30 años (1959-1991), con asistencia soviética, Cuba realizó una extraordinaria obra de desarrollo económico y social que requirió de inversiones multimillonarias en obras de infraestructura, importación masiva de tecnologías y equipos, formación de especialistas y calificación de mano de obra, construcción y equipamiento de decenas de miles de instalaciones con fines industriales, agropecuarios y comerciales, así como destinadas a: salud, educación, deportes, investigaciones científicas y asistencia social, lo cual unido al pleno empleo, generó la elevación del consumo e importaciones gigantescas.Paradójicamente, esa obra que movilizó enormes volúmenes de capital, no requirió apenas de divisas occidentales sino que se realizó mediante un esquema en el cual Cuba aportaba azúcar, materias primas y otros activos, aunque tangibles no cuantificados y de inconmensurable valor, entre ellos los de naturaleza política, ideológica y militar y recibía lo necesario. La obra revolucionaria se hizo sin dólares o con muy pocos de ellos. Con el ingreso de la Isla al CAME en 1972 se cerró el circuito.En 1991 aquel trato fue dinamitado, la Unión Soviética desapareció y Rusia heredó sus bienes y reclamó las deudas pero no honró los compromisos políticos ni la tradición solidaria de los bolcheviques. Bajo fuego, víctima de un doble bloqueo y sin cobija, Cuba comenzó a aprender a vivir de otra manera en un mundo más hostil y en el cual predomina el dinero.Bajo enormes penurias económicas e intensas presiones de todo tipo, Fidel Castro llamó a la resistencia, abrió el juego e improvisó tácticas de supervivencia, aunque antipáticas, imprescindibles para salvar las conquistas de la Revolución y el socialismo; el dinero y el mercado comenzaron a recuperar protagonismo. Parte de esas estrategias fueron la despenalización del dólar, génesis de la dualidad monetaria.Dejar entrar y circular libremente el dólar permitió que turistas y cubanos residentes en el exterior gastaran libremente sus divisas y, aunque con las limitaciones del bloqueo, facilitó la introducción de remesas familiares. Enfrentado al dólar, el peso cubano retrocedió hasta tocar fondo. Con el valor de la moneda nacional, se derrumbó la capacidad adquisitiva, los salarios, las jubilaciones y las prestaciones se hicieron irrelevantes y el nivel de vida se deterioró.Ocurrió entonces que en la medida en que, con enormes sacrificios, el país adquiría y gastaba en prioridades de supervivencia los pocos dólares que podía allegar, Estados Unidos, entre otras cosas, mediante leyes de alcance extraterritorial como las Torricelli y Helms-Burton, se dedicó a perseguir implacablemente todas las transacciones comerciales y financieras de Cuba en el extranjero y a multar a las empresas y bancos que participaban en ellas.En defensa propia, Cuba suspendió la circulación del dólar en el país y aplicó un gravamen al cambio de la moneda norteamericana. Desde entonces para operar con divisas en Cuba sólo podían emplearse pesos cubanos convertibles, una especie de “divisa local” sin valor en el exterior convertida en la piedra en el zapato de la economía cubana.Para no variar, al anunciar el inicio de la cuenta regresiva que pondrá fin a esa situación, los operadores de la reforma económica cubana, en lugar de una exposición integral del contenido de los ajustes monetarios y una perspectiva institucional del mecanismo de toma de decisiones al respecto, han instalado nuevos enigmas.La nota que en días pasados anunció la operación, expresa una línea de deseos, aunque no constituye una hoja de ruta porque no indica caminos ni un cronograma ya que no menciona fechas y…tratándose de dinero, los misterios pueden no ser funcionales al éxito. ¡Cuidado! Allá nos vemos.


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