España: Acerca del aborto

Por de pronto y desde luego, de la cháchara inacabable se alimentan la publicidad y las cadenas.Por ejemplo, en el tema eterno del aborto y frente a la derecha de la caverna, sus gobernantes, sus políticos, sus clérigos y quienes se alinean con ellos sin hacer la más mínima reflexión...

Por de pronto y desde luego, de la cháchara inacabable se alimentan la publicidad y las cadenas.Por ejemplo, en el tema eterno del aborto y frente a la derecha de la caverna, sus gobernantes, sus políticos, sus clérigos y quienes se alinean con ellos sin hacer la más mínima reflexión personal, hay a mi juicio cuatro argumentos que no debieran dar lugar a dudas ni a más réplicas pero no se emplean.Cuando esa gente que alardea de preocuparse por la vida en ciernes y no tanto por la vida consolidada afirma categóricamente que el aborto es asesinato, ¿por qué no hay quien les responda más o menos del siguiente modo?:1º habida cuenta que los países europeos más avanzados tienen legislaciones sobre el aborto similares a la ley que este gobierno y su camarilla se proponen derogar, ¿creen realmente que los gobiernos de aquellos países y quienes los practican o contribuyen a practicarlo son “asesinos” dignos de presidio y además con doctrina Parot?2º habida cuenta que los códigos civiles basados en el código napoleónico sólo consideran “persona” a efectos civiles “al feto que tuviere figura humana y viviese veinticuatro horas enteramente desprendido del claustro materno”, ¿qué asesinato puede haber cuando aún no existe la “persona”?3º habida cuenta a) la demografía galopante y b) el hecho de que el sistema capitalista y concretamente España no encuentran la manera de adecuar la producción de los bienes básicos al consumo indispensable para las personas vivas, ¿por qué se preocupa el gobierno más por el proyecto de vida (el embrión) que por las personas ya vivas y por su bienestar?4º habida cuenta que en la generación de vida la contribución del macho es casi irrelevante, por ocasional, al lado de lo esencial que es la de la hembra (el macho no corre riesgos, deposita la semilla y se va, mientras la hembra vive dramáticamente el “evento”), ¿por qué empeñarse en que el parecer del hombre en los parlamentos sea tan vinculante como el de la mujer, y no dejar que, después de oído el hombre pero sin que su parecer obligue, sea ella, la mujer, exclusivamente la que decida a este respecto?Es más, éste último debería ser el primero o único si la sociedad en conjunto elevase su nivel de conciencia. Pero para eso, está visto, quedan siglos. Mientras tanto, valen los otros tres, que nunca se alegan...*Jaime Richart es antropólogo y jurista.


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