Maximalismo atómico
En 1953, el presidente Eisenhower lanzó el programa “Átomos para la Paz” cuyo objetivo era propiciar a países aliados el acceso a la energía atómica, evitando los riesgos de la proliferación del arma nuclear. Sin embargo, debido a que esa tecnología es de doble propósito -civil y...
En 1953, el presidente Eisenhower lanzó el programa “Átomos para la Paz” cuyo objetivo era propiciar a países aliados el acceso a la energía atómica, evitando los riesgos de la proliferación del arma nuclear. Sin embargo, debido a que esa tecnología es de doble propósito -civil y militar- surgió el peligro de que los reactores y el uranio entregado para fines civiles tuvieran otro destino. Tal vez Israel, secundado por Francia fue de los primeros en hacerlo.En la década de los años cincuenta, para asegurar la supervivencia de Israel, David Ben Gurión, quien por primera vez desempeñó el cargo de Primer Ministro, avanzó en la obtención del arma nuclear para lo cual, el Estado hebreo disponía del capital humano y la experiencia: Albert Einstein, Robert Oppenheimer, así como la mayoría de los cerebros del Proyecto Manhattan eran judíos.En esa misma época Francia comenzó a asistir a Israel en el desarrollo de su industria nuclear, principalmente en la planta electro nuclear de Dimona, cuyo atípico diseño preocupó a Kennedy que, en 1961, con un lenguaje perentorio, demandó a Israel la realización de inspecciones en la instalación. En 1963 el presidente reiteró la exigencia a Levi Eshkol pero no puedo avanzar más allá pues por aquellos días fue asesinado en Dallas.Aunque actualmente las diferencias de enfoque entre Israel y los Estados Unidos son menos agudas que en épocas de Kennedy, en varios asuntos las diferencias entre Obama y Netanyahu son difíciles de ocultar. Así ha ocurrido con el tema de los asentamientos en Jerusalén y Cisjordania, el status de los territorios ocupados y más recientemente con la posibilidad de un arreglo con Irán que regule el programa nuclear persa, elimine las sanciones y desactive el peligroso conflicto.Aunque Israel no ha hecho públicas y explicitas sus razones para oponerse a un acuerdo con Irán, es de suponer que se trata de una posición maximalista que tratará de anular todas las opciones de Irán, incluso las que son militarmente inofensivas.El argumento de Netanyahu asume una lógica tan elemental como inaplicable. Según se sabe, en toda actividad industrial funciona una escala según la cual los primeros tramos son más costosos y difíciles que el crecimiento subsiguiente y de ahí extrae la conclusión de que quien dispone de facilidades para enriquecer uranio al 20 por ciento le será más fácil hacerlo al 90 por ciento. Otra exigencia israelí es que se detenga la construcción del reactor de agua pesada de Arak para limitar la obtención de plutonio.El Tratado no Proliferación Nuclear no prohíbe ni limita el enriquecimiento de uranio ni la obtención de plutonio (un residuo de las electronucleares), sino que establece rigurosos controles y salvaguardas al proceso industrial, el almacenamiento y al destino final de ambos minerales. Además para fabricar bombas atómicas de uno u otro mineral, se requiere de una enorme diversidad de capacidades industriales muchas de las cuales Irán no posee.El maximalismo israelí, secundado por Francia se levanta como un obstáculo que pretende no sólo impedir que Irán disponga de la bomba atómica, sino humillarlo imponiéndole condiciones que no se aplican a ningún otro país. Es probable que esta vez Netanyahu haya picado demasiado alto y su posición no pueda ser acompañada por occidente.Aunque es obvio que Estados Unidos no sacrificará a Israel, tampoco se puede esperar que Washington se conforme con hacer de su política exterior un rehén de Tel-Aviv. Allá nos vemos.


