Carta a una hija ausente
Naciste al día siguiente en que los Reyes Magos cumplieron su tarea de llegar ante el niño Dios a dar cumplimiento a una profecía bíblica que data de miles de años y te fuiste en un largo amanecer, cuando el otoño y las últimas lluvias del verano, hacían más pesadas las hojas caídas de...
Naciste al día siguiente en que los Reyes Magos cumplieron su tarea de llegar ante el niño Dios a dar cumplimiento a una profecía bíblica que data de miles de años y te fuiste en un largo amanecer, cuando el otoño y las últimas lluvias del verano, hacían más pesadas las hojas caídas de los árboles. Las gotas de lluvia reflejaban las lágrimas que corrían por mis mejillas, mientras parado en la ventana de tu habitación, suplicaba a Dios que calme tu sufrimiento.En esta noche buena, al banco de la plaza estoy hablando de ti, mientras sostengo tembloroso la última fotografía sonriente que me dedicaste. Si estoy en el mismo banco donde vinimos dos veces a esperar la noche buena. La primera a tus tiernos 3 añitos. Recuerdo como disfrutabas con el agua que vertía la fuente, mientras muchos niños y niñas acompañados de sus padres, corrían apresurados a la cena navideña. Luego te cansaste y te dormiste en mis brazos, mientras te llevaba a casa apresurado para que no te mojes. La última, con tu cuerpo desgastado, pusiste todas tus fuerzas para volver en la noche buena al mismo banco. El tiempo había pasado y tu enfermedad había mostrado las señales del desenlace fatal. Sin embargo, igual vimos el ajetreo de la gente rumbo a sus casas a celebrar el nacimiento de Dios hecho carne. Alrededor de la plaza, llena de luces, el ruido de las movilidades y el ajetreo de la gente eran testigos de nuestra conversación que apenas se limitaba a escuchar de tu cansada voz: “TE QUIERO PAPA” y un nudo en mi garganta tuvo como respuesta lágrimas de dolor. Esa noche no llovía, pero mi corazón sangraba de dolor e impotencia de no poder hacer nada, mientras la tristeza de tu mirada me anunciaba que sería la última noche buena a mi lado.Tus sueños, tus preocupaciones, los encargos y recomendaciones minuciosas para con tus hijos, prolongaban tu existencia y era lo que te mantenían con vida.Esta noche, como muchas noches buenas, muchos hogares estarán llenos de regalos, comida y alegría, también estarán los hogares carentes de todas las cosas materiales que a los seres humanos nos hace felices y por último y no por eso menos importante, en la mesa que compartimos en tu última noche buena, una silla vacía gritará tu ausencia, mientras Dios te dará permiso para acompañarnos junto a tus hijos a darnos un abrazo de paz, amor y consuelo por tu partida, pues El sabe porque te llamó a su lado con tanta anticipación y nosotros no somos quienes para juzgarlo, sólo debemos aceptar sus designios.Hija mía!, es tan difícil comprender y peor aceptar tu pronto encuentro con nuestro Padre Celestial. En esta noche déjame que te entregue mis cansadas palabras en la última estación de mi existencia. Déjame que te espere sentado en el banco de la plaza, viendo como bailan los chorros de agua en la fuente, como si me contases tu vida lejos de mis ojos. Mis manos temblorosas apenas tienen la fuerza para sostener tu fotografía, mientras leo en el reverso tu última dedicación: “Te amo papito, nunca lo olvides!”Como llegar esta noche a la cena con tus hijos?, ya se!, buscaré en la sonrisa y en la mirada de Pablito, Nathalita y Marcita, tu sonrisa y tu tierna mirada que se convertirán en el bálsamo para este corazón partido, mientras los abrazo con todas las fuerzas y sentimiento del amor que tengo por ti y les repito nuestro lema: SI DIOS CON NOSOTROS? QUIEN CONTRA NOSOTROS?Tu papá


