Reinventar el socialismo

Los seguidores faltaron a la clase o lo entendieron de otra manera. En 1917 los marxistas rusos, encabezados por Lenin tomaron el poder en Rusia y proclamaron que la Revolución anunciada por Marx había triunfado. Debido a que allí el capitalismo no había agotado sus posibilidades, apareció...

Los seguidores faltaron a la clase o lo entendieron de otra manera. En 1917 los marxistas rusos, encabezados por Lenin tomaron el poder en Rusia y proclamaron que la Revolución anunciada por Marx había triunfado. Debido a que allí el capitalismo no había agotado sus posibilidades, apareció una opción no prevista: construir el socialismo.Así se introdujeron tres innovaciones: el triunfo del socialismo no se produjo en los países más avanzados sino en uno atrasado, no como parte de un proceso global sino local y no involucraba a un conjunto de naciones sino que tenía lugar en un solo país. De ese modo, se acreditó una versión que no era resultado del desarrollo, sino hija del voluntarismo de los bolcheviques, que apostaron a que con arreglo a su programa y bajo la dirección de su partido, podía edificarse una sociedad integralmente nueva.El Estado soviético echó sobre sí una tarea inmensa y para cuya realización era preciso una revolución mundial que corrigiera el curso de la historia y de la civilización, sustituyendo procesos económicos, sociales, políticos y culturales espontáneos y auto generados por actos voluntarios, calculados y con fines predeterminados.Aquella concepción hizo imprescindible la estatización de todos los recursos y la planificación centralizada para producir y distribuir todo lo necesario, organizar los servicios que requiere una sociedad avanzada y satisfacer hasta los más mínimos e insólitos requerimientos de los individuos y la sociedad.Tales proyecciones se hicieron extensivas a las “necesidades espirituales” y exigieron que el Estado soviético se erigiera también en rector del gusto artístico, regulador de las formas y contenidos del arte y la literatura y arbitro para el establecimiento de “jerarquías culturales” y nomenclaturas a partir de las cuales, el centro decidiría qué es refinado y debe ser cultivado y qué por vulgar, banal, trivial, frívolo o decadente debe ser excluido. La introducción del “ateísmo científico” formó parte del paquete.Al asumir como válida esa filosofía, así como la institucionalidad que la asisten, China, Mongolia y otra decena de países de Europa Oriental se integraron a un proyecto maximalista, adoptaron un modelo de desarrollo inviable que se apoyó en estructuras económicas, políticas y sociales fallidas; asumiendo como buenos, preceptos teóricos errados y comprometiéndose con metas irrealizables.Cuando las realidades impusieron su perspectiva, mediante reformas económicas, China se apartó del camino trillado, cosa que de manera más radical hicieron los países de Europa Oriental y la propia Unión Soviética cuyas elites, pagando un alto precio, optaron por la restauración capitalista.A diferencia de los que abandonaron el socialismo, Cuba decidió preservarlo, para lo cual llamó a la resistencia durante 20 años y ahora se empeña en reformularlo. La complejidad radica en cómo hacerlo.Para lograr ese propósito, en medio de las tensiones que semejante rectificación supone, la dirección política cubana se esfuerza por diseñar un modelo económico y político teóricamente racional, económicamente sostenible, ideológicamente aceptable y políticamente avanzado, democrático y participativo, que pueda constituirse en un conjunto de metas viables y compartidas por la mayoría de los cubanos.Para alcanzar sus cometidos estratégicos, el ajuste económico en marcha necesita ser complementado por la actividad de pensadores avanzados que adelanten una revisión teórica honesta, valiente e integral, capaz de liberar al proyecto socialista de lastre y encontrar las herramientas conceptuales para la presente y futuras etapas.Se necesita además una reforma del sistema político que exija idoneidad a las instituciones y prescinda de las ineficaces, propicie la democratización de las estructuras estatales y de la sociedad en su conjunto, refuerce la dirección colectiva y transparente los mecanismos de toma de decisiones.Nadie cree que sea fácil, pero se sabe que es posible y, para ello contamos con una dirección histórica calificada y habilitada a la cual no le falta apoyo. Fue el presidente Raúl Castro quien lo enunció: “Si, se puede”. Allá nos vemos.


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