Hablando de unión
Veamos, de pasada, dos “uniones” famosas: la de los estados que están al norte de América y que llevan la palabra “unidos” en su nombre propio, y la de los países europeos que se llaman a sí mismos Unión Europea.En ambos casos, la unión es cuestionable. En el caso de Estados Unidos,...
Veamos, de pasada, dos “uniones” famosas: la de los estados que están al norte de América y que llevan la palabra “unidos” en su nombre propio, y la de los países europeos que se llaman a sí mismos Unión Europea.En ambos casos, la unión es cuestionable. En el caso de Estados Unidos, donde desde George Washington el informe presidencial anual al Congreso se llama “Estado de la Unión” han existido siempre temores de desunión.Los ejemplos son muchos y uno de los más recientes es la carencia de leyes federales que unifiquen criterios, por ejemplo, sobre la migración y los migrantes, tema que es de candente actualidad.En varios otros casos, cada estado de La Unión (como familiarmente la llaman) tiene legislación no solo diferente sino a veces contradictoria, como en el caso de la pena de muerte, que todavía se aplica en algunos estados.En el caso europeo, algunos elementos de su ahora precaria unión nunca estuvieron unificados, porque Gran Bretaña, por ejemplo, mantuvo su moneda y no se plegó al Euro, que ahora está en franco declive.Son ejemplos que nos tienen que servir, para no repetirlos en nuestro propósito de integración latinoamericana, que apunta mucho más allá que la “simple” unión de naciones y se proyecta hacia la Patria Grande.Tenemos ya una Unión de Naciones Suramericanas, Unasur, pero tenemos también, ya organizada, una Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe y tenemos, sobre todo, el sentido de la unidad forjado por la conciencia unitaria que sembró Simón Bolívar.Aunque avanzamos notoriamente con Unasur y con Celac, aún nos falta afianzar, por ejemplo, el Banco del Sur y persistir en la posibilidad de una moneda única, tomando como base el Sucre, que ya existe y evitando los errores del Euro.Por eso, cada vez que podemos, algunas personas preferimos insistir en el apelativo de Patria Grande, que corresponde en mejor forma a nuestros anhelos integracionistas, que aunque difíciles ya consideramos irreversibles.Y por eso, dejaremos a la ecúmene anglosajona incompleta del norte y a la resquebrajada unidad europea, para ocuparnos, con cada vez mayor dedicación a nuestra propia unidad, que, como lo hemos dicho varias veces, no es “una cuestión de mercados, ni de aduanas”.Por supuesto que encontraremos oposición, porque, tal como lo indica con certeza Marcelo Gullo, lo que estamos es realizando una “insubordinación fundante” y eso por supuesto que no les agrada a los que tienen el poder internacional centralizado.Pero ese “orden” internacional está cambiando y depende mucho de nosotros que los cambios se aceleren y no se deformen o modifiquen mucho pero sin cambiar realmente nada. Eso se conoce como “gatopardismo”.Concluyamos reiterando que nuestra responsabilidad bolivariana sigue siendo grande y es absolutamente intransferible.


