Privatización de los espacios públicos

Ante ello, si recordamos que la privatización de todo lo público es el elemento crucial del neoliberalismo, vale analizar si se ha abandonado la privatización o si subsiste esa línea de acción, bajo otras formas y en otros ámbitos, más allá de la privatización de los servicios y empresas...

Ante ello, si recordamos que la privatización de todo lo público es el elemento crucial del neoliberalismo, vale analizar si se ha abandonado la privatización o si subsiste esa línea de acción, bajo otras formas y en otros ámbitos, más allá de la privatización de los servicios y empresas estatales. En otros términos, atendamos si la práctica corresponde a la retórica o si, por el contrario, esas rotundas e incluso rudas prédicas no se concretan en la práctica.Así planteado el problema, estudiemos que ocurre con los espacios públicos, principalmente calles y veredas. En el caso de las primeras, es evidente que a nivel de los distritos y municipios de todas las principales ciudades del país, la privatización de calles parece ser ya una política institucionalizada, como los demuestra la realidad de manera irrefutable. Efectivamente, si aceptamos que las calles son, por definición, espacios de uso público para la movilización, tanto para peatones como para vehículos, cualquiera sea su tipo, es evidente que los accesos a las mismas no pueden ser interferidos por puertas o portones, a menos que exista una autorización expresa para ello, impartida por la autoridad competente. Si no existe la autorización expresa de autoridad competente, hemos de asumir que el cierre de calles, para limitar e incluso impedir el acceso y el libre tránsito de personas y vehículos, debe responder a decisiones de privados que se arrogan esa facultad que en absoluto no les corresponde. Acto arbitrario que no puede menos que interpretarse como privatizaciones de una espacio de uso público. Pruebas al canto. En el valle de los Chillos se constata la existencia de las malhadadas puertas en innumerables calles, como es la caso de la Charles Darwin, en el cual no sólo se impide el paso, sino que, como un agravante más, se impide la descongestión del tráfico hacia la Intervalles, con lo que los grandes filas de vehículos en la calle Gangotena es una constante diaria. Qué decir de la apropiación indebida, de la privatización de aceras en la Armenia 2. En el ascenso de la misma calle Gangotena los muros, de las grandes propiedades, al filo de las aceras como manda el abuso, obligan a los ciudadanos a circular por la calzada o por las cunetas para evitar atropellamientos. En la ruta desde la Armenia 2 hacia el puente 3, es un gran ejemplo de la apropiación de las veredas, que hoy se reducen a menos de un metro, como manda el sometimiento del abuso por parte de quienes aprueban las líneas de fábrica.Lo que ocurre en el Valle de los Chillos, por cierto se replica en las calles de Quito, como lo anuncian las puertas que cierran el acceso a todas las calles, por ejemplo de la Joaquín Sumaita, o de las refinadas urbanizaciones peluconas, a las cuales no podemos acceder los mortales de a pie, puesto que esos rodamientos están sólo permitidos a los Mercedes Benz, Audi, BMW y otros vehículos de igual alcurnia. No olviden que pelucón que se precia no anda a pie y tampoco maneja. En Guayaquil, si visitan los Sauces o la Alborada, la privatización de las calles de esa urbe, es una constante destacable: puertas y portones en cada cuadra. A más de lo indignante de este proceder, lo triste es el auto encarcelamiento al que se someten voluntariamente quienes habitan por esos lares, supuestamente en contra de la delincuencia, sin entender que sólo el fortalecimiento de lo comunitario y una vida en libertad la derrotará.Como los casos son tantos y tan difundidos en todas las ciudades del país, sólo resta preguntarnos si las privatizaciones mencionadas, amparados en la invocación a la inseguridad, es ya un derecho de todos, o, lo que sería más grave, es una medida institucionalizada por los gobiernos autónomos descentralizados. De ser la segunda opción la cierta, sólo cabe reclamar a estos anti neoliberales de pacotilla enmienden sus errores, con excepción del alcalde Nebot por cierto, de cuya felina militancia neoliberal nadie duda. De no ser cierta nuestra presunción, solo cabe demandar que las autoridades cumplan a cabalidad sus obligaciones, que conviertan sus diarios juramentos anti neoliberales en realidades. Como lo más probable es que la situación brevemente descrita se mantendrá inalterable, parece que sólo nos restará acudir ante el Masi Rafael, para que en un próximo sábado suenen truenos y caigan rayos y centellas sobre todos quienes han reducido su anti neoliberalismo a un escalón más de su ascenso social y político, simultáneamente a lo cual han optado por prestar estos y otros favores a los pelucones, su segura retaguardia, por lo que pueda suceder en el futuro. Amén.


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