El espionaje es lo de menos

Todo comenzó tiempo atrás cuando Estados Unidos derrotó a España en 1898, y dos veces a Alemania en la primera y segunda guerras mundiales. Se trata de países dos veces liberados y ocupados por Estados Unidos en la misma generación, que dieron la bienvenida al plan Marshall, vivieron la...

Todo comenzó tiempo atrás cuando Estados Unidos derrotó a España en 1898, y dos veces a Alemania en la primera y segunda guerras mundiales. Se trata de países dos veces liberados y ocupados por Estados Unidos en la misma generación, que dieron la bienvenida al plan Marshall, vivieron la Guerra Fría bajo el paraguas nuclear del imperio norteamericano al cual le cedieron el liderazgo en la ONU, la jefatura de la OTAN, la presidencia del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM).No debiera obviarse que la lucha contra el fascismo y la confrontación contra la Unión Soviética la libró Estados Unidos no en Norteamérica sino en Europa, donde debutaron Eisenhower, George Marshall y Allen Dulles, que en Suiza y no en Langley, fundaron la Oficina Aliada de Servicios Estratégicos y desde allí condujeron la labor de inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial y crearon las bases de lo que sería la CIA; hoy la guerra contra el terrorismo no se realiza en territorio norteamericano.Un esquema mundial en el cual la economía, la seguridad y la guerra contra el terrorismo son globales y los enemigos comunes, no puede ocurrir que las políticas y prácticas de seguridad, inteligencia, contrainteligencia y el espionaje se realice a escala local. Estados Unidos no puede ser a la vez hegemónico y provinciano; en cuyo caso no sería un “imperio serio”.Las potencias europeas y asiáticas y los países emergentes que acaten el liderazgo y la hegemonía de Estados Unidos, se sumen bajo su dirección a la guerra global contra el terrorismo y sean sus cómplices en cuanta aventura bélica, pública o secreta, se involucren, no pueden a la vez condenarlos por espiar a sus ciudadanos e instituciones. No hay razón alguna para acusar a Estados Unidos de haber pasado los límites cuando es ilimitada la sumisión.Prácticamente todos los gobiernos que hoy protestan porque Estados Unidos los espía, aceptaron las falsas explicaciones sobre las armas nucleares de Irak, formaron parte de las coaliciones agresivas contra Afganistán y Libia, instalaron cárceles secretas en su territorio y permitieron el trasiego por sus aeropuertos de prisioneros transportados clandestinamente y miran para otro lado para no ver lo que ocurre en Guantánamo y Abu Gruid.Las plañideras protestas de los gobernantes europeos, al parecer más avergonzados que preocupados por lo que Edward Snowden pueda revelar, se suma a la de los líderes de países asiáticos, virtual o físicamente ocupados por Estados Unidos que aceptan tropas, bases aéreas, regimientos blindados de tropas especiales norteamericanas y se rasgan las vestiduras porque en su territorio son utilizados “drones”.Salvo excepciones, las protestas por el espionaje que los norteamericanos realizan a escala global, sin otros límites que la posibilidades de acceder a fuentes de información, parecen ejercicios de “lavado de imagen” asociados a la opinión pública y la política doméstica.Se trata de un pataleo de cara a las gradas; frivolidad por el orgullo maltratado e hipocresía que la levedad de las hojas de parra no alcanza a ocultar. Así las cosas. Allá nos vemos.


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